Ahora puedo descansar en paz. Nada debo a nadie.

He dado lo mejor y lo peor a todos. Siempre queriendo lo mejor.

Me he equivocado, lo sé. Pero, ¿quien no se ha equivocado?

Uno vive rodeado de equivocados bien intencionados. Mis hijos lo

saben y por eso me quieren. Y por comprender los quiero.

Para siempre.

Una voz me ha dicho: «date lo mejor a tí mismo; será, siempre,

lo mejor para todos. Aunque te tilden de egoísta, o prosaico ser

que en pretencioso verso vuelcas lo que habita tu mente e invade

tu cuerpo. Da todo lo que tienes. Aunque lo peor te habite.

Lo peor en tí, es lo mejor que los demás están buscando.

«En todo caso, resígnate y espera la ingratitud. Sé paciente

y no vuelques tu ira o tu furor sobre aquellos que juegan

a quererte.

Tú también juegas. Siempre has jugado. A probar la vida,

a probarlo todo a ver qué sale del gran desbarajuste que tu vida fue

capaz de crear.

Lo que has suscitado, provocado o jugado y vivido, es lo que queda.

AGUSTÍN TAVITIAN, de Por algo más de vida.

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