«Es una idea divertida, Charlie —dijo Dukes—, ésa de que el sexo sea simplemente otra forma de hablar en que se ponen en acción las palabras en lugar de decirlas. Supongo que es cierto. Creo que podríamos intercambiar tantas sensaciones y emociones con las mujeres como ideas sobre el tiempo y demás. El sexo podría ser una especie de conversación física normal entre un hombre y una mujer. No se habla con una mujer si no se tienen ideas comunes: mejor dicho, no se pone ningún interés en lo que se habla. Y de la misma manera, a no ser que que se tuviera alguna emoción o simpatía en común con una mujer, uno no se acostaría con ella…»
Fragmento de El amante de Lady Chatterley, de D. H. Lawrence
Relatividades
El libro que hoy nos ocupa muestra la relatividad del tiempo, los lugares, la gente y la moral. Si se publicara hoy pasaría probablemente sin mayor repercusión por las librerías, salvo que fuera publicado en algunos países donde su autor tendría serios inconvenientes. Si se hubiera publicado en la misma época en que lo fue, pero se hubiera llamado La amante de Lord Chatterley, también hubiera sido un libro más, describiendo situaciones que eran parte de lo tácitamente admitido por la sociedad occidental. Pero El amante de Lady Chatterley, de D. H Lawrence, generó un escándalo cuando fue publicado en 1928. Nada menos que una Lady teniendo apasionados encuentros con el guardabosque de su esposo. ¡¡Qué horror!! Su autor fue calificado por muchos como un pornógrafo y la obra hizo correr ríos de tinta, críticas furiosas y encendidas defensas de su autor. He aquí la historia del libro y las desventuras de su escritor, que además de escribir muchos otras obras dedicó su pluma a la poesía, de la que comparto algunos ejemplos.

Sobre la novela El amante de Lady Chatterley
A partir de 1926 el escritor D. H. Lawrence residió en Italia, donde escribió y reescribió su novela más famosa, El amante de lady Chatterley (1928), que trata de las relaciones sexuales entre una mujer y el guardabosques de su esposo, miembro de la nobleza, y se convirtió en el libro más escandaloso del siglo XX.
Lawrence escribía a ratos y muchas páginas del manuscrito se vieron manchadas por la sangre que escupía. A la hora de transcribirlo, una mecanógrafa se rehusó a seguir copiando «semejantes porquerías» y ningún editor quiso publicarlo hasta que en Italia se consiguió que un impresor lo editara.
Afortunadamente para Lawrence, la década del veinte en Europa se caracterizó por una paulatina liberación de las prácticas sexuales y, con este cambio, el escritor se ganó la indulgencia de intelectuales liberales de la época, como Aldous Huxley y Bertrand Russell.
En 1932 se publicó una versión expurgada. La controvertida novela no se despenalizó en EE.UU. hasta 1959 (y no pasó la censura española hasta 1976).
Para finalizar cabe destacar que El amante de lady Chatterley fue ante todo una novela erótica, tal vez una de las más señeras dentro de la literatura contemporánea.
Comentario sobre la película
El amante de Lady Chatterley supone una nueva adaptación de la novela erótica de D.H.Lawrence. Situada en los años 20, la historia primero nos presenta a Connie (Emma Corrin) y al baronet Clifford (Matthew Duckett). Una pareja, en teoría perfecta, que contrae matrimonio sin ni siquiera imaginar el oscuro futuro que les espera. Ya que al regreso de la guerra, el grácil Clifford regresa paralítico y absolutamente dependiente de su joven esposa.
Una situación que empeora al decidir Clifford irse a vivir al campo, a una de sus inmensas propiedades. Lugar en el que la joven y tierna Connie pasa sus días sin arrebato alguno. Cada vez más alejada de su marido y con más pesar por verse anulados sus legítimos deseos. Siempre cargando, literal y figuradamente, con el peso de la incapacidad de su marido. Convirtiéndose de esta forma la riqueza y buena posición de ambos, en una cárcel que le hace enfermar. Hasta que aparece la figura de Oliver (Jack O’Connell).
El amante de Lady Chatterley supone una acertada adaptación de la novela erótica de D.H.Lawrence. Protagonizada por una joven, casada con un adinerado inválido, que comienza una aventura con el guarda de su marido. La pareja de amantes a la que les dan vida Emma Corrin y Jack O´Connell, consiguen una química arrebatadora. Siendo especialmente destacable la capacidad de Corrin para insuflar a su personaje ese hambre de vida.
Y es que al fin y al cabo la película resplandece en su acertada reflexión sobre el deseo como arma liberadora. Un deseo que va mucho más allá de lo carnal y que está aquí fundido con la naturaleza. Un elemento natural que es fuente de vida y avance, frente a una tradicional sociedad que palidece.
Parte de lo escrito por Laura Tabuyo Acosta en el sitio Film Affinity
Algunos poemas de Lawrence
Somos trasmisores
Mientras vivimos somos transmisores de la vida.
Y cuando dejamos de transmitirla, la vida deja de fluir por nosotros.
Esto es parte del misterio del sexo, es un flujo hacia delante.
La gente asexuada no transmite nada.
Y si cuando trabajamos, podemos inyectar vida a lo que hacemos,
vida, más vida nos invade, nos inunda y compensa,
nos alista,
y vibramos con vida a través del curso de los días.
Aunque sólo fuera una mujer haciendo torta de manzana,
o un hombre creando una silla,
si la vida entra en la torta, buena es la torta
buena es la silla:
contenta la mujer, con fresca vida manando en su interior,
contento el hombre.
Da y te será dado
es todavía la verdad acerca de la vida.
Pero dar vida no es tan fácil.
No significa entregarla al primer miserable, o dejar que
los muertos en vida te devoren.
Significa propiciar el fuego de la vida donde no lo había,
aun cuando sólo fuera en la blancura de un pañuelo lavado.
Quisiera conocer una mujer
Quisiera conocer una mujer
que fuera como una llama roja en una chimenea
brillando después de las agitadas ráfagas del día
Para que pudiera acercarme a ella
en la dorada tranquilidad del atardecer
y deleitarme realmente a su lado
sin la obligación de esforzarme a amarla por cortesía,
ni la de conocerla mentalmente.
Sin tener que sufrir un escalofrío cuando le hablo.
El deseo está muerto
El deseo puede estar muerto
y aún así un hombre puede ser
el lugar de reunión de la lluvia y el sol,
maravilla que derroca al dolor
como un árbol en invierno.

Datos sobre D. H. Lawrence
D.H. Lawrence nació un 11 de septiembre de 1885 en Eastwood, Nottinghamshire, Inglaterra. Fue el cuarto hijo de Arthur John Lawrence, minero, y de Lydia Beardsall, maestra. La disparidad en el rango social de sus padres fue un motivo recurrente en sus obras.
Fue autor de novelas, cuentos, poemas, obras de teatro, ensayos, libros de viaje, pinturas, traducciones, y críticas literarias. Su literatura expone una extensa reflexión acerca de los efectos deshumanizadores de la modernidad y la industrialización, y aborda cuestiones relacionadas con la salud emocional, la vitalidad, la espontaneidad, la sexualidad humana y el instinto.
En 1908 finalizó sus estudios en la Universidad de Nottingham y publicó sus primeros poemas en la revista English Review un año después. Su primera novela, El pavo real blanco, apareció en 1911 gracias a la ayuda de su amigo Ford Madox Ford. Hijos y amantes(1913), en gran parte autobiográfica, es la más significativa de sus primeras novelas y aborda la vida en un pueblo minero.
En 1912 escapó junto Frieda Weekley, una aristócrata alemana (hermana del aviador alemán Freiherr Manfred von Richthofen) que estaba casada con su profesor y con la que contrajo matrimonio dos años después, cuando ella consiguió el divorcio.

Obra literaria
Su intensa, tormentosa y nómada vida en común, le proporcionó material para muchas de sus novelas, como El arco iris (1915) y Mujeres enamoradas (1921). El arco iris fue prohibida oficialmente por obscenidad. En este periodo también escribió dos libros de poesía, Poemas de amor y otros poemas (1913) y ¡Mira! Hemos cruzado hasta aquí (1917).
Durante la I Guerra Mundial vivió agobiado en Inglaterra a causa del origen alemán de su mujer y su propia oposición a la guerra. La tuberculosis se añadió a sus problemas, y en 1919 empezó un periodo de vagabundeo sin descanso en busca de un clima más benigno.
Gracias a los viajes que realizó, pudo captar los ambientes de varios libros: la región italiana de Abruzzi en La mujer perdida (1920), Cerdeña en El mar y Cerdeña (1921) y Australia en Canguro (1923). Durante sus estancias en México y Taos, Nuevo México (1923-1925), escribió La serpiente emplumada (1926), novela que refleja su fascinación por la civilización azteca.

D.H. Lawrence falleció el 2 de marzo de 1930, en un sanatorio de Vence, en la Provenza francesa. Por entonces, su reputación era la de un pornógrafo que había desperdiciado su talento.
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