Una amiga lectora atenta y memoriosa me señaló una inconsistencia histórica en el post de la semana pasada. Efectivamente, mencioné erróneamente el año 1977 cuando debía referirme al año 1974 como el que definió mi abandono de la carrera de Antropología. Ese año la gestión de Ottalagano cerró la carrera de Antropología de la UBA en el segundo cuatrimestre.
Esto me hizo pensar sobre la extrañeza de nuestra memoria. Recordaba una serie de sucesos de esa época de mi vida, pero no podía ubicarlos en el tiempo con precisión y al recurrir a Mr. Google cometí un error. Por supuesto, no recordamos todo, como Funes, el personaje del cuento capaz de percibir y recordar hasta el último detalle de la realidad, a quien esa memoria extraordinaria le impedía abstraer y generalizar, lo que dificultaba su capacidad de pensar.

Afortunadamente, nosotros carecemos de esa facultad. Recordamos algunas cosas, que incluso nos parecen intrascendentes, con precisión. Otras, que nos gustaría recordar, las tenemos guardadas en algún cajón inubicable. Algunas, que quisieramos olvidar, permanecen inquebrantables en nuestra memoria. Están también las que recordamos con cierta vaguedad en el orden, la duración o el acontecer de los sucesos. Y además están esos recuerdos que nunca llegaron a convertirse en tales, es decir, impresiones, sucesos por los que pasamos mas nunca registramos, al menos de modo consciente. De todas estas combinaciones y otras más se compone nuestra memoria. Y de allí surge la historia que nos contamos sobre nosotros mismos.
Es por lo anterior que dos personas que viven “los mismos acontecimientos” en tiempo y lugar, tienen luego recuerdos muy distintos de lo ocurrido. Porque ellos mismos y su historia son parte fundamental en la formación de los recuerdos. No hay recuerdos independientes de la historia de sus protagonistas. Y hasta podría decirse, para incentivar la polémica, que no hay una historia sino muchas, aún cuando los registros de los sucesos y protagonistas hayan sido tomados con mucho esmero, si es que ello fuera posible, por alguien totalmente objetivo.
Lo cierto es que la intervención de mi amiga lectora al señalarme la inconsistencia temporal en mi propia historia me posibilitó ubicar en el tiempo una serie de acontecimientos personales que tenía desordenados. ¿Cambia esto algo de lo que expresé respecto a mis vivencias en la publicación anterior? Definitivamente no, y eso es lo más extraño. La mente es realmente maravillosa y sorprendente. Pero vale la aclaración del error, que ya modifiqué en el post del sábado pasado.
Y como andamos hoy por esos territorios de la mente, la memoria y la identidad, les comparto un cuento y un video que no dudo van a disfrutar.
La construcción de la identidad

En primer lugar, para leer o releer, el cuento Funes el memorioso, de Jorge Luis Borges, uno de sus relatos que exploran la naturaleza del tiempo, la memoria, la infinitud y la realidad. El cuento fue publicado por primera vez en 1942 en el diario La Nación y luego incluido en la antología «Ficciones» en 1944.
Desde su publicación, este cuento fue aclamado tanto por la crítica como por los lectores. La historia ha sido analizada desde múltiples perspectivas, incluyendo su exploración de la memoria, la percepción y la existencia humana. La habilidad de Borges para combinar la filosofía con una narrativa cautivadora convirtió a este cuento en una obra maestra de la literatura,
Está repleto de simbolismos. La parálisis física de Funes puede verse como un reflejo de su parálisis mental, atrapado en la infinitud de sus recuerdos. Su intento de crear un sistema de numeración propio refleja su necesidad de orden en un mundo abrumadoramente detallado. El título «Funes el memorioso» no solo describe la habilidad principal del personaje, sino que también sugiere la maldición que esta habilidad representa.
En definitiva, Funes… es una profunda reflexión sobre la memoria, la percepción y los límites de la mente humana. Borges, con su peculiar estilo, crea una historia que es tanto una obra maestra literaria como una exploración filosófica. Invita a cuestionar la naturaleza de la realidad y el papel de la memoria en la formación de nuestra identidad.
Cuestión de hemisferios

También comparto una charla de TED. TED es una organización sin fines de lucro estadounidense conocida por su congreso anual (TED Conference) y sus charlas (TED Talks) que cubren un amplio espectro de temas: incluyen ciencias, arte y diseño, política, educación, cultura, negocios, asuntos globales, tecnología, desarrollo y entretenimiento.
La charla que incluyo es de Jill Bolte Taylor, una neurocientífica que en 1996 sufrió un derrame cerebral del cual tardó ocho años en recuperarse, pero que le permitió observar aspectos interesantes del funcionamiento cerebral en carne propia. Particularmente, la participación de nuestros dos hemisferios en la interacción con el mundo, y esa lucha constante de ser parte del todo o concentrarnos en nuestro ego. Un video de 20 minutos para ver y reflexionar muchas veces. Que lo disfruten.
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