Mientras releía este muy recomendable libro de Sandor Marai – junto con «El Encuentro» dos de mis novelas preferidas de este autor – me topé con el siguiente cuento sufi que me pareció muy adecuado para la ocasión y que se atribuye al Mulá Nasrudin, un personaje mítico de la tradición popular sufí, especie de antihéroe del islam, cuyas historias sirven para ilustrar o introducir las enseñanzas sufíes.
Nasrudín conversaba con un amigo: —Entonces, ¿nunca pensaste en casarte? —Sí, pensé —respondió Nasrudín—. En mi juventud resolví buscar a la mujer perfecta. Crucé el desierto, llegué a Damasco y conocí a una mujer muy espiritual y linda; pero ella no sabía nada de las cosas de este mundo. Continué viajando y fui a Isfahan; allí encontré a una mujer que conocía el reino de la materia y el del espíritu, pero no era bonita. Entonces, resolví ir hasta El Cairo, donde cené en la casa de una moza bonita, religiosa y conocedora de la realidad material.—¿Y por qué no te casaste con ella? —¡Ah, compañero mío! Lamentablemente ella también quería un hombre perfecto.
Sobre este tema trata La Mujer Justa, sobre los entresijos, las paradojas y los desencuentros del sexo y el amor, que se revelan en los decires de dos mujeres y un hombre a lo largo de 366 páginas maravillosamente escritas por Sandor Marai. Páginas en las que la felicidad aparece como un estado elusivo e inalcanzable, y en las que la sabiduría de la mujer aparece como mucho más sólida que la del hombre en estos temas. Con ambos puntos de vista coincido plenamente, aunque me parece un más que interesante tema de discusión.

Desarrollo
Una tarde, en una elegante cafetería de Budapest, Marika relata a su amiga cómo un día, a raíz de un banal incidente, descubrió que su marido estaba entregado en cuerpo y alma a un amor secreto que lo consumía, y le detalla luego su vano intento por reconquistarlo. En la misma ciudad, una noche, Peter, el hombre que fue su marido, le confiesa a un amigo cómo dejó a su esposa por la mujer que deseaba desde años atrás, para después de casarse con ella perderla para siempre. Al alba, en una pequeña pensión romana, Judit cuenta a su amante cómo ella, de origen humilde, se había casado con un hombre rico, pero el matrimonio había sucumbido al resentimiento y la venganza.
Sobre Sandor Marai
Sándor Márai (Košice, Hungría; 11 de abril de 1900 – San Diego, California, Estados Unidos; 22 de febrero de 1989) fue un escritor húngaro, uno de los más importantes de su país y del desaparecido Imperio Austrohúngaro. Es autor de más de 20 novelas y otras obras.
Hijo de una familia acomodada, Márai fue siempre un joven inquieto y pronto salió de Hungría hacia Leipzig, Alemania, para estudiar periodismo, carrera que pronto abandonó. Durante su juventud viajó por Europa y visitó París, donde conoció a grandes artistas y la vida bohemia de cafés de la generación perdida (generación de personas que alcanzaron la edad adulta durante o inmediatamente después de la Primera Guerra Mundial).
Hacia 1930 Márai volvió a Hungría, más precisamente a Budapest, y empezó a publicar obras que le significaron un prestigio que fue labrando con los años. En un principio, Sándor Márai escribía en alemán, lengua que dominaba porque era la otra lengua del imperio; sin embargo, después se pasó al húngaro porque era su verdadera lengua materna, con la que sentía más identificación.
En los años previos y durante la Segunda Guerra Mundial, escribió varios artículos contra el nazismo y se declaró profundamente antifascista, algo poco recomendable para la época y que le significó su posterior censura por parte del régimen comunista después de que los soviéticos tomaran Hungría y lo declararan un burgués.
Sándor Márai tuvo entonces que marcharse de Hungría y fue a los Estados Unidos, donde siguió escribiendo y colaborando con programas de radio, aunque su obra cayó totalmente en el olvido debido a que sus libros fueron prohibidos en Hungría.
En 1956, siguió muy de cerca la revolución húngara. Creía tanto en la victoria de la Revolución que se trasladó a Europa el 6 de noviembre. Cuando llegó, la revolución no tenía ninguna posibilidad. Márai estaba muy decepcionado con las potencias occidentales por no ayudar a la causa húngara. Más tarde, cuando regresó a Nueva York, envió un poema (titulado “Mennyből az Angyal”) a los húngaros a través de la Radio Europa Libre (Szabad Európa Rádió).
Márai sufrió mucho por la situación de su patria y después de la muerte de su esposa, compañera de toda la vida a quien amaba, decidió comprarse un arma y se suicidó en San Diego, California, el 22 de febrero de 1989, dejando para la posteridad una obra literaria de indudable valor.
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