«Antes que nada» es un libro contundente como una maza porque está hecho por una persona que escribe muy bien y que tiene ELA, una enfermedad incurable que deteriora progresivamente los músculos y lleva a la muerte en un promedio de entre 3 y 5 años.
«Antes que nada» fue publicado en 2024 y es tal vez (ojalá que no) el último libro de Martín Caparrós, escritor argentino que actualmente vive en España. Martín recibió los premios Planeta y Herralde de novela, los premios Tiziano Terzani, Caballero Bonald y Roger Callois de ensayo, y los premios Rey de España, Moors Cabot y Ortega y Gasset de Periodismo.
«A quienes me quisieron, para que aprendan a olvidarme», es la dedicatoria de estas memorias que exceden esa definición para integrar reflexiones sobre la vida, la política y tantas otras cuestiones que ocupan y preocuparn a Martín a lo largo de sus, hasta ahora, 67 años.
«Me dijeron que me voy a morir. Es tonto: no debería necesitar que me lo digan. Pero una cosa es saber que te vas a a morir alguna vez – empeñarte en olvidar que te vas a morir alguna vez – y otra muy otra que te digan que hay un plazo y ni siquiera es largo», comienza.
Hay muchas citas posibles en las 655 páginas que componen la obra, que sinceramente recomiendo. Voy a compartir algunos párrafos que a mí me parecen interesantes. Puro carpicho, claro.

Martín Caparros y su esposa Marta Nebot
«Lo curioso es la idea de «memoria». ¿Qué es la memoria, qué cuernos son unas memorias? Notable que un plurarl cambie tanto el sentido: si la memoria es la capacidad de cada persona de recordar momentos , hechos, frases, ideas, sensaciones, unas memorias son ese relato en que una persona decide recrear algunos de esos momentos, hechos, frases, ideas, sensaciones: un artefacto, un artilugio para producir de sí misma una versión que por alguna razón consiga complacerla – porque se ve mejor, tanto peor, inteligente, dramática, exitosa, afanosamente fracasada, envidiable, misteriosa, trágica. La memoria es el espacio donde se almacena lo que supuestamente fue; unas memorias son el recurso para montar con todo eso – y mucho más o, habitualmente, mucho menos – un personaje interesante».
El Origen
«Durante su embarazo, me contaron, mi madre Martha tomaba una solución de fósforo con no sé qué más porque se suponía que eso me iba a hacer inteligente. Mi destino estaba manifiesto: en otros ámbitos se incuban otros valores; en el mío estaba claro que era ese. Yo debía ser inteligente – significara lo que significara.
Yo debía ser inteligente».
La enfermedad 2
«Ya no camino: mis piernas no lo logran. Eso es malo pero no es lo que importa: su debilidad es un signo de que todo ya se está debilitando. Todo yo soy un signo de que yo es una palabra que pronto será de los demás».
Leer y escribir
«(Escribir, está claro,
es leer descuidado. No seguir
al pie de la letra cada letra, permitirles
que se vayan ordenando de otros modos.
Escribir es romper
lo que está dado.)»
«Ñamérica», libro ganador del Premio Roger Callois 2023
Roturas
«Corrían los sesentas, y mi familia y yo vivíamos perfectamente sumergidos en la cultura de la izquierda clase media acomodada que abundaba en aquella Argentina. Supongo que yo empecé a vivirla antes de saber que era de izquierda, o qué era la izquierda. Para mí todo lo que era cultura era de izquierda: libros, discos, poemas, películas…»
La enfermedad 4
«Pero voy a escribir porque si lo escribo parece un poco menos cierto. Para eso, al fin y al cabo, sirven las palabras.
Volverlo literatura, casi una ficción. Encontrar una forma de hablar menos de esto. Convertirlo en un insecto, pincharlo y observarlo.
Al escribirlo también se vuelve más banal: se vuelve palabras, esas cosas que, supuestamente, yo podía controlar».
El Colegio
«(…Y podría pensar que el Buenos Aires exacerbó mis peores aspectos: orgullo, confianza, pasión por saber, pero también podría pensar que exacerbó los mejores: orgullo, confianza, pasión por saber. Y algunos más: elitismo, cierto compromiso, suficiencia, desconfianza de la autoridad, espíritu de cuerpo, la duda antes que nada, la convicción de que siempre hay algo más, algo que descubrir.)»
Biblioteca del Colegio Nacional de Buenos Aires, donde estudió Caparrós
La enfermedad 5
«Este será mi libro Sheherezade: mientras pueda seguir contando cuentos, será que sigo vivo.
Pero también es una suerte que no me lo termine de creer, porque hay momentos en que lo creo o lo entiendo o me doy cuenta y la pena se vuelve tan pesada».
La militancia
«La violencia parecía, entonces, una necesidad, la única forma de asegurar la construcción de sociedades mejores. Estaba claro, por supuesto, que nadie quería la violencia, a nadie le gustaba. Muchas veces escuché a militantes de pistola en cinto que decían que matar era solo un último recurso y que quizás era más difícil matar que ser matado. Pero lo hicieron, y ahora a veces es difícil entenderlo…»
El exilio
«Tardé – semanas, meses – en confesarme que no podría volver por mucho tiempo. Y, aún así, siempre tuve tantas dudas con la palabra exilio. Todavía ahora, cuarenta y cinco años después, dudo cuando hablo de esos días: supongo que era un exiliado, uno que no podía vivir en su país porque el gobierno podía hacerle cualquier cosa. Pero la palabra exilio, la palabra exilliado, siempre tuvo una carga de importancia, por un lado, y de autocompasión, por otro, que me impidieron aplicarmelas».
La primera España
A lo lejos, a primera vista, los setentas fueron duros de muchas maneras. Sobre todo para un sudamericano: los golpes de Pinochet, Videla, Bordaberry, Garrastazu, Banzer, Morales bermúdez, Velasco Ibarra y compañía limitada nos presentaron una época inclemente. Y, sin embargo, con el tiempo entenderíamos que fue en los ochentas cuando el mundo empezó a cambiar en serio: cuando se desencadenó la última gran revolución de nuestros tiempos, la que consiguió devolver las regiones más vivibles del mundo a unos niveles de injusticia y desigualdad que no habían conocido en muchas décadas: Thatcher, Reagan y la restauración neoliberal».
La enfermedad 8
«En mis sueños sigo paseando, viajando, corriendo, haciendo todo lo que ya no hago. A veces me pregunto – mis disculpas, Maestro – si todo lo que a duras penas cuento en estas páginas, mi supuesta vida, no será el sueño de un inválido».
Reciente Entrevista con Cristina Mucci en «Los siete locos»
El regreso
…»Por eso fue tan raro cuando empezamos a contar las boletas y el voto radical lo superaba fácil. El fiscal peronista extrañado, casi socarrón, dijo qué mala suerte, justo a mí me viene a tocar la mesa en que perdemos. Pero la radio empezó a dar resultados y resultó que no era la única. Alfonsín se imponía; por primera vez en la historia los peronistas perdían una elección. Esa noche, de verdad, pareció que la Argentina empezaba a ser otra.
La Argentina parece como nadie».
Lacrónica
«…La noche anterior, cuando le llevé el artículo, Lanata me había dicho que mejor no lo publicara, que se iba a armar lío; yo le dije que eso era lo que creía y que quería publicarlo; él, en nombre de ciertas libertades, aceptó. Al día siguiente, con todo el lío ya montado, me llamó y me dijo que se había equivocado:
– Cuando me mostraste esa columna yo no tendría que haberte dejado publicarla. Así que vamos a cambiar de sistema: no me las muestres más, llevalas directo a diagramar.
Ese día empezamos por fin a ser amigos».

Martín Caparrós y su amigo y colega Jorge Lanata
Los libros
«… A mí me encantaría poder ser cristiano – o judío o musulmán o pincharrata -: creer en algo superior que me asegurara que mis actos tendrán su recompensa – o incluso su castigo – y que la vida no termina cuando se termina. Me gustaría confiar en algo muy potente para pedirle protección cuando me asusto, aunque después me cobre caro. Pero no lo consigo: mi educación atea, racional, cuadrada me lo impide, no me deja dejar de pensar que todo eso son los cuentos que se inventaron los hombre para aguantar sus miedos. Y que después los poderes aprovecharon para someterlos…»
Más libros
«El honestismo es la mejor forma de no debatir políticas. La corrupción existe y hace daño. Pero también existe y hace daño esa tendencia general a atribuirle todos los males. La corrupción se ha transformado en algo utilísimo: el remate de cualquier debate. Lo que define, digamos, el deterioro de la sanidad en un país no es que unos cuantos aprovechados se empeñen en llevarse unos millones sino que su gobierno sostenga una política de reducción de la atención pública y fomento de la privada que se hace con toda legalidad, con el mayor respeto por las leyes. Como no podemos controlar esas decisiones políticas tomadas por <legítimos representantes del pueblo>, esperamos que una corrupción venga y nos salve: ojo, son unos ladrones…»
«Valfierno», novela que ganó el Premio Planeta 2004
La vida
«Me gustaría querer hablar más de cosas más personales: me gustaría que me importaran más. Para justificarme por no hacerlo, podría argumentar aquella frase que dice que <la vida privada privada de un escritor no está en su biografía sino en sus libros> pero me da pudor tanto lugar común. Prefiero pensar que es una falla: que lo que me importó de mi vida fueron mis libros mucho más que todo lo demás – y que, salvo unos amores y mi hijo, eso es lo que hice».
El corazón
«Supongo que el premio Herralde fue, para muchos, la confirmación de que yo era un novelista. Aunque ya había publicado como diez novelas, me conocían como <cronista>; esto cambiaba un poco las ideas. Yo no tenía esa duda; solo sabía que muchos la tenían. <Eso que llaman reconocimiento> – escribí alguna vez – consiste en que otros por fin piensen de vos lo que vos ya pensabas>. Ese premio fue un paso en esa dirección…»
«Los Living». Premio Herralde 2011 de novela
La enfermedad 13
«La trampa – llamémosla trampa o privilegio – de mi vida fue que siempre pude creer que alguna vez lo haría. Las personas suelen mantener sus expectativas hasta cierto momento, en que no pueden sino reconocer que no las cumplirán: que no serán presidentes, cirujanos, riquísimos, bomberos. En cambio yo he podido seguir creyendo que alguna vez escribiría un buen libro – y no tenía una razón evidente para dejar de pensarlo y esperarlo. Hasta ahora».
Otra España
«(La idea de volver a un país donde quince millones de personas eligieron a un gritón desquiciado, un ventajero, el interlocutor de un perro muerto, un sujeto tan desagradable y tan primario, para que los mandara. O peor, para que los <representara>: parece que millones y millones de argentinos se ven sintetizados por este señor que vocifera, amenaza y maltrata, este señor que no puede imaginar o soportar que nadie más tenga razón, este señor que ha hecho de la patota y el desprecio sus actitudes principales, este señor que odia a los distintos y convoca a ultimarlos….»
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«…Argentina era el país de lo público. Ya no. Hace cincuenta años solo uno de cada diez chicos iba a la escuela privada; ahora, tres de cada diez. Es otro dato decisivo».
«Algunos quisimos cambiar aquel país, otros no; entre todos lo cambiamos para mal. Somos la generación de la caída. Ahora, cincuenta años después, ese tercio pobre de la población se ha congelado: viven en algún margen, en viviendas precarias, con empleos ilegales o sin ningún empleo, dependientes del estado y sus limosnas, completamente afuera y sin expectativas de volver: a la intemperie. No tienen futuro – y los demás, en general, tampoco creen que lo tengan».
Sesenta y cinco
«Veía que el territorio de las <izquierdas>, las fuerzas de algún cambio, estaban divididas grosso modo en dos: por un lado, en mis países, esos grupos que se llamaban <de izquierdas> y habían conseguido gobernar en muchos. Mi ejemplo más cercano, por supuesto, el kirchnerismo, un pequeño movimiento que quiso apoderarse de todo el espacio- <a nuestra izquierda no hay nada: la pared> decían – mientras llevaban adelante políticas que consiguieron mantener en la Argentina la pobreza más extrema y numerosa de su historia. Y no eran un ejemplo aislado: escribiendo «Ñamérica» comprobé, con cifras y más cifras, que los países que habían tenido gobiernos <de izquierda>, del socialismo del Siglo XXI o lo que fuera, no habían mejorado más la situación >. No era una opinión: eran números, datos. La primera misión de la izquierda es mejorar la situación de los que tienen menos: si no lo hace no es izquierda sino alguna otra cosa. Estos grupos políticos ñamericanos, al proclamarse de izquierda, servían a los ricos para neutralizar cualquier tentativa verdadera de redistribución de la riqueza, de cambio real del sistema económico. Fueron veinte o treinta años muy perdidos para muchos millones».
Sesenta y seis
«…Los aeropuertos son los lugares con mayor concentración de amor por centímetro cuadrado – y el amor, por una asociación curiosa, nos remite fácil a la felicidad. Los aeropuertos son amor desbordante: en las llegadas, cuando los novios, los esposos, los padres y los hijos, los amantes y amigos se reencuentran y afectan el afecto que les produce ese reencuentro; en las partidas, cuando los mismos se tocan y se abrazan y se besan imaginando que, pese a todo su amor, no van a besarse ni abrazarse ni tocarse por un tiempo: cuando hacen el esfuerzo de suponer ese tiempo desprovisto de amor táctil y actúan en consecuencia; cuando no hacen lo que hacen en función de su presente sino de ese futuro; de algo que, por el momento, es solo imaginario: la ausencia que empezará con esa despedida».
Sesenta y siete
«Y me pregunto si ahora debería hacer algún balance, tratar de decidir qué fue mi vida, qué me importó de ella, qué conseguí y qué no. Lo intento: por un oscuro respeto de los ritos finales llevo un tiempo intentándolo, y no llego a conclusiones claras. Me gusta haber querido, haber sido querido, haber hecho la mitad de un hijo, haber viajado, haber escrito. Me gusta haber tratado de mirar el mundo, no haberme encerrado en cualquiera de las innumerables celdas suaves, acolchadas que estos tiempos ofrecen. Me gusta haber tratado de entender cosas que no entendí, e incluso dos o tres que sí – o que creí que sí. Me gusta esta sensación de haber hecho bastante con mi vida, aunque sé que podría haber hecho tanto más».
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