Hay grabaciones que me hacen volver y volver a escucharlas y que parecen siempre renovadas. Eso me ocurre con algunos temas del álbum «Tráfico Porteño» en la que se luce el trompetista argentino Gustavo Bergalli, Premio Konex 2015 como uno de los mejores solistas de jazz de la década en la Argentina, que hoy les comparto.

El conjunto de temas que incluye el CD «Tráfico Porteño», grabado en el año 2004, del que les comparto tres interpretaciones que me parecen maravillosas, cuenta con otro gran músico de jazz argentino, el pianista Jorge Navarro, nacido igual que Bergalli en 1940, al que pronto le dedicaremos un post.

Con Arturo Puertas en contrabajo y el siempre eficiente Fernando Martínez en batería, “Tráfico porteño” muestra el talento y la ductilidad de dos grandes músicos argentinos en una decena de temas de variado origen, pero unidos por una pasión común.

Cuando este trabajo fue editado, hace ya casi 10 años, se daba una extraña paradoja. Jorge Navarro Navarro y Gustavo Bergalli eran dos de los músicos más respetados de la escena local, tenián muchos años de escenarios transitados, proyectos y similares propuestas, pero nunca habían coincidido en una formación ni mucho menos habían grabado juntos.

Las casualidades, en alguna medida y los exilios en otra, Navarro en Estados Unidos entre 1970 y 1977 y Bergalli en Suecia entre 1975 y bien entrado el 2000, habían puesto distancias infranqueables. Pero finalmente la postergada coincidencia se produjo aquel julio de 2004 en los estudios Moebio, para dar lugar a un disco de esos que hacen historia.

Sobre Gustavo Bergalli

Tiene más de 50 discos grabados. Vivió 30 años en Suecia. Recorrió el mundo con su trompeta. Dividió su pasión entre el jazz y el tango y tocó con los mejores músicos de la historia. Fue un joven rebelde en los 60 y hoy es un hombre sabio que descree de la soberbia y la discriminación. Un artista creativo con una verdad que lo acompañó toda su vida: “La música – dice-, es un acto de amor¨.

Gustavo Bergalli nació en Buenos Aires en 1940. A la edad de doce años inició sus primeras lecciones de trompeta, y ya de adolescente quedó fascinado con la maestría de Louis Armstrong, a quien convirtió en su alter ego.

Con los años, escogió un rumbo muy personal en el jazz latinoamericano, a partir de las impresiones perdurables que dejaron en él trompetistas del nivel de Dizzy Gillespie, Roy Eldridge y, de manera muy particular, Clifford Brown.

En sus comienzos Gustavo Bergalli participó en conjuntos tales como el del Gato Barbieri, Michel Legrand, y en dos de los grupos de mayor renombre en el contexto jazzístico latinoamericano : el Quinteplus y el Buenos Aires Jazz Quartet. Formó parte, a mediados de los 60, de la orquesta de La Mosca Verde, famoso boliche de Villa Gessell. Participó en el primer disco de «Almendra», actuó en Barock con «Sanata y Clarificación», con un grupo formado por Luis Alberto Spinetta, Rodolfo Garcia y otros. Miembro de la Orquesta de Jazz de Jorge Anders y de la de Rodolfo Alchourrón.

El recorrido nórdico

En 1975 se mudó al extranjero, a Estocolmo, Suecia, en donde se transformó en uno de los trompetistas más estimados y más reputados en Escandinavia.  Durante un período, de casi tres décadas, asentado en Estocolmo, condujo su propio quinteto, tocando, preferentemente, con la gran Banda de Jazz de la Radio Nacional de Suecia y con la orquesta del jazz de Estocolmo; al mismo tiempo que acompañó a muchas celebridades, tales como, Bob Brookmeyer, Bob Mintzer, Jim McNeely, Joe Lovano, Phil Woods, Jimmy Heath, Maria Schneider and John Scofield.

En estas misma época, Bergalli hizo presentaciones regulares en Europa con un número variado de bandas, entre las que se destaca el Klaus Ignatzek Quintet. Sus grabaciones más prominentes, incluyen cuatro, en el papel de conductor, y una decena de otras como solista con figuras tan destacadas como Paquito D´Rivera y Carlos Franzetti.

Ha dirigido y/o tocado en caracterizadas agrupaciones orquestales como: Stockholm Jazz Orchestra. Swedish Radio Jazz Group. Umo Jazz Orchestra, Finland. Brussels Jazz Orchestra, NDR Big Band Germany (Orquesta de la Radio Alemania) y Bergen Big Band (Noruega).

Entre sus numerosos discos grabados en todo el mundo, cabe destacar el que hizo con la Stockholm Jazz Orchestra titulado «Tango» que fue editado en Nueva York siguiendo el concepto de Gustavo Bergalli en cuanto a la fusión del Tango con el Jazz. Este proyecto fue arreglado por Carlos Franzetti junto a Juan José Mosalini en bandoneón. De las actuaciones en vivo que se efectuaron en Suecia participó como artista invitada Susana Rinaldi.

En 1992 recibió una beca de la fundación norteamericana de Laila y Charles Gavatin para la música del jazz.

Volver

A finales del año 2005 Gustavo Bergalli se trasladó a Buenos Aires para emprender algunas tareas pedagógicas en Argentina, en la enseñanza de la trompeta a nuevas generaciones emergentes. Regresó para instalarse en Buenos Aires, compartir proyectos con músicos locales y traer hasta el Río de la Plata a varios compañeros de las rutas europeas.

«La incertidumbre por la vuelta estaba bien fundamentada desde todo punto de vista: humano, político, social, económico. Dicen que el segundo paso traumático que da el ser humano es mudarse. Mi temor era perder la relación con mi segundo país. Tuve la suerte de hacer toda mi carrera por el mundo gracias a haber estado en Suecia», dijo en una entrevista en La Nación publicada en 2007.

En 2015 la Fundación Konex le otorgó el Premio Konex como uno de los mejores solistas de jazz de la década en la Argentina.

Respecto a su relación con el tango, Bergalli expresó en una entrevista en Argent Jazz:

«Yo toda mi vida me dediqué 100% al jazz. Y ya lo estaba haciendo por entonces. Siempre con esa duda que me acompañó durante tantos años. Pero la necesidad más fuerte de hacer tango se dio recién a partir de mi llegada a Suecia. Era una manera de reafirmar mi identidad. Por eso con mi grupo sueco, comencé a tocar tango. Primero temas de Gardel…Volver, El día que me quieras…Luego hice el disco Tango in Jazz, con mi hijo Facundo. El planteo era tocar tango con sentido jazzero. Esa modalidad le gustó mucho a Joe Lovano, quien años después me propuso llevarlo a Buenos Aires. Lo hicimos y el material está allí. Él quería editarlo en Blue Note, pero finalmente no se dio».


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