Un concepto japonés que puede traducirse como «la razón de ser» o el «propósito de vida» sería la clave para una vida alegre, satisfactoria y en armonía con la comunidad y la naturaleza. Al menos, así lo es para los habitantes de Ogimi, Okinawa, donde viven las personas más longevas del planeta.
La longevidad es un concepto complejo que abarca la duración de la vida y también su calidad. No es lo mismo llegar a viejo física y mentalmente bien, que con deficiencias en uno o ambos de esos aspectos. En el primer caso es altamente deseable, en el segundo cada uno sabrá qué prefiere.
En la longevidad influyen factores genéticos, de estilo de vida y ambientales, lo que tiene importantes implicaciones demográficas y sociales. Pero me referiré en este post a los aspectos personales, que egoístamente es lo que más nos interesa, seamos honestos, porque nuestras vidas son únicas e irrepetibles.
Para los japoneses la longevidad está muy asociada al concepto de Ikigai, que puede traducirse como «la razón de ser» o «el propósito de vida». Porque ¿cuál es el sentido de mi vida? ¿Sumar días a la existencia o tener una visión y una misión más elevada, más amplia, más comprensiva de la realidad, del ser, de la creación?

El Ikigai se refiere a la sensación de valor y significado que se logra en la vida, encontrando alegría y satisfacción en las actividades diarias y en la contribución a la comunidad. Encontrar el propio ikigai requiere identificar aquello que uno ama, en lo que es bueno, por lo que incluso le podrían pagar y, además, lo que el mundo necesita y uno puede contribuir a brindarle.
Siguiendo esta línea de pensamiento, encontrar el propio Ikigai implica un viaje de autodescubrimiento y reflexión personal, un camino continuo de crecimiento y aprendizaje.
Para lo cual sería necesario identificar nuestras pasiones: ¿Qué actividades me apasionan y me hacen sentir vivo? Reconocer nuestras fortalezas: ¿En qué soy bueno? ¿Qué habilidades tengo? Considerar las necesidades del mundo: ¿Cómo puedo contribuir a mi comunidad o al mundo en general? Y también: Pensar en nuestros ingresos: ¿Por cuáles actividades para las que soy apto podría recibir una compensación económica?
El ikigai, se encontraría en la intersección de lo que amo, lo que se me da bien, lo que el mundo necesita, y lo que me podrían pagan para hacerlo y vivir de ello.

Según escriben Héctor García y Francesc Miralles en el libro IKIGAI, los secretos de Japón para una vida larga y feliz, el concepto de Ikigai tiene relación con la logoterapia, desarrollada por Víctor Frankl , y es una de las razones que explica la longevidad de los japoneses, en especial aquellos de la isla de Okinawa, donde el número de centenarios por cada 100 mil habitantes es de 24,55, cifra muy superior a la media mundial.
«Cuando se estudian los motivos por los que los habitantes de esta isla del sur de Japón viven más que en ningún otro lugar del mundo, se cree que, más allá de la alimentación, la vida sencilla al aire libre, el té verde o el clima subtropical – la temperatura media es parecida a la de Hawai -, una de las claves es el ikigai que rige su vida», plantean García y Miralles.
Un dato interesante es que en Japón no hay una palabra que signifique jubilarse con el significado exacto de «retirarse para siempre», como existe en Occidente. Tener un propósito vital es tan importante en esa cultura que por eso no tienen nuestro concepto de jubilación. Tener un ikigai (o razón de ser) claro y definido, una gran pasión, da satisfacción, felicidad y significado a la vida. Y eso no se termina, o no debería terminarse, hasta el final de la existencia.
Okinawa es una de las cinco llamadas zonas azules, lugares identificados científicamente como los que tienen mayores casos de longevidad. Los otros son Cerdeña en Italia, Loma Linda en California, la Península de Nicoya en Costa Rica, e Icaria en Grecia.
Comparando las vidas en esas cinco zonas azules, los científicos afirman que las claves para una larga vida son la dieta, el ejercicio, un propósito en la vida (ikigai para los japoneses) y buenas conexiones sociales, es decir, contar con muchos amigos y con buenas relaciones dentro de a familia.
Estas comunidades gestionan bien su tiempo para reducir el estrés, comen poca carne y alimentos procesados y beben alcohol con moderación. Practican ejercicio, pero no extremo. Se mueven todos los días para pasear o ir al huerto, prefieren caminar a ir en coche. Y en todas ellas es bastante común la jardinería, que requiere movimiento físico, pero de baja intensidad.
También parece bastante importante practicar la meditación y tratar de vivir en el momento presente, el único en el que estamos vivos. Y tener en claro la impermanencia de las cosas que nos rodean; no olvidar que todo lo que tenemos y todas las personas que queremos desaparecerán en algún momento. Lo que no es ser pesimistas, sino ser conscientes de ese hecho para amar el presente y a los que nos rodean.
«La felicidad siempre la decide tu corazón», sentencia un haiku de Mitsuo Aida, uno de los calígrafos y escritores de haikus más importante del siglo XX en Japón.
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