Hoy comparto con ustedes algunas reflexiones sobre la curiosidad, junto con un libro sumamente entretenido y esclarecedor acerca de las circunstancias que llevaron a alguien a convertirse en un talento por sobre el común de las personas.
Recuerdo que de pequeño yo era muy preguntón. Un querido tío, al que se llevó la pandemia, me señaló una vez la cantidad de por qués que hice sobre sus respuestas a una primera pregunta que le había formulado. Todos los niños tienen esa cualidad, la curiosidad, que a veces nos deja sin respuestas. Va como ejemplo antes de continuar un simpático «sketch» de Les Luthiers.
La curiosidad
La curiosidad no deberíamos perderla con los años, pero generalmente el sistema educativo, la sociedad, las costumbres, la comodidad, el temor al error o a admitir que no sabemos, el no ejercitarla, terminan sofocándola.
La curiosidad y el no conformismo me llevaron en quinto grado a ganarme el apodo de «Protestito», que me puso un maestro a quien apreciaba mucho, Norberto Abásolo, ante mi densidad interrogativa.
Con relación a este querido maestro, cincuenta años después me sucedió un hecho para mí significativo. Estaba dictando allá por 2014 un curso de computación para adultos mayores y uno de mis alumnos, de más de 85 años, llevaba por apellido Abásolo. Le comenté a este hombre que había tenido un maestro con su mismo apellido. Me preguntó su nombre y cuando le respondí su respuesta me dejó atónito. Era su hermano mellizo, quien aún vivía en una ciudad del interior. !Estaba enseñándole algo al hermano mellizo de un viejo maestro de quinto grado!
Este hermano mellizo, médico retirado, siguió aprendiendo computación básica hasta su muerte, pocos años después, y me compartió un archivo con enorme cantidad de libros, entre los cuales descubrí el que hoy les comparto. Las vueltas de la vida.
O, para exprersarlo en términos más complicados, la sincronicidad, es decir, la ocurrencia de dos o más eventos que no tienen relación de causa y efecto entre sí, pero que están significativamente conectados para quien los experimenta. Pero esto queda para otro post.
¿Está usted de broma Sr. Feynman?
El autor de este libro, Richard P. Feynman, fue un personaje singular y uno de los físicos teóricos más brillantes del siglo XX. Ganó el Premio Nobel en 1965 por su trabajo fundamental en la electrodinámina cuántica. Junto con Julian Schwinger y Shin’ichirō Tomonaga desarrollaron un nuevo método matemático para describir la interacción entre la luz y la materia.
Curiosamente – o quizás no tanto- en 1942, años antes del Premio Nobel, Richard Feynmann fue catalogado como deficiente mental por un psiquiatra del ejército de los EE.UU, lo que, afortunadamente, le impidió luchar en la Segunda Guerra Mundial. En esa evaluación, cuando le preguntaron «¿Qué valor le da usted a la vida?», respondió «64».
«Está usted de broma Sr. Feynman» es una biografía sui generis; no podía ser de otra forma tratándose de este personaje. El libro cuenta cosas de su infancia cuando reparaba radios pensando; de su experiencia en Los Álamos trabajando en el proyecto Manhattan durante la creación de la bomba atómica; de su experiencia como percusionista en una escuela de samba brasileña; de sus encuentros con físicos como Einstein, Von Neumann y Pauli; de reuniones con apostadores profesionales de Las Vegas como Nick el Griego y con algunas chicas de un club de alterne, entre otros hechos divertidos y reveladores de su personalidad.
Sólo se que no se nada
Una de las principales características de Feynman era su insaciable curiosidad. No consideraba a esta cualidad un lujo de intelectuales sino el origen de todas las innovaciones humanas. Feynman no se conformaba con las respuestas, por muy sabias o probadas que fueran, quería conocer por sí mismo sus fundamentaciones, experimentar e investigar todos aquellos temas que lo intrigaban.
La curiosidad es la fuerza que separa a los que cambian al mundo de los que simplemente lo observan. Feynman estaba convencido de que el verdadero conocimiento es simple. Todo lo que en un momento damos por sentado comenzó con alguien que en su tiempo no pudo evitar preguntar.
La mayoría de las personas usa complejidad para esconder ignorancia, pero el verdadero conocimiento es simple, pensaba Feynmann. Si no puedes explicar algo simplemente, es porque no lo entiendes. Una idea que comparto y que traté de llevar a la práctica en mi ejercicio del periodismo científico.
Para poder explicar algo simplemente, afirmaba Feynmann, es fundamental no limitar la curiosidad. Y eso es lo que muchas veces hacemos para no enfrentar a nuestro ego con que no sabemos, lo cual es una equivocación. La curiosidad con miedo al error es parálisis, en tanto la curiosidad sin miedo al error es imparable. Para desarrollarla es necesario admitir en primer lugar lo que uno no sabe. El momento en creemos que ya sabemos suficiente es cuando comenzamos a morir intelectualmente, decía Feynmann.
Que disfruten este maravilloso libro.
Puedo vivir con la duda
R.G.V.
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