El exitoso escritor que hoy comparto dijo a sus editores antes de partir: «…sólo os pido que, en compensación por las ganancias que os he proporcionado, os ocupéis de los gastos de mis funerales».
Cuando allá por 1963 llegaban el verano y las vacaciones, devoraba novelas de aventuras recostado en un sillón del hall de mi casa en Flores, donde asomaba el sol por las tardes. Disfrutaba de las peripecias del Tigre de la Malasia, el portugués Yañez y otros personajes salidos de la mente de un escritor italiano. Ignoraba entonces la complicada y trágica vida que estaba detrás de esas andanzas.
Emilio Carlo Giuseppe Maria Salgari, que de él se trata, había nacido en Verona el 21 de agosto de 1862. Fue escritor, marino y periodista. Escribió principalmente esas novelas de aventuras que me deleitaban y estaban ambientadas en lugares exóticos, que el nunca recorrió.
Un marino frustrado
En 1878 Salgari comenzó sus estudios en el Real Instituto Técnico Naval «Paolo Sarpi», en Venecia, pero no llegó a obtener el título de capitán de gran cabotaje. Su experiencia como marino consistió en unos pocos viajes de aprendizaje en un navío escuela y un viaje posterior, probablemente como pasajero, en el barco mercante Italia Una, que navegó durante tres meses por el mar Adriático, hasta atracar en el puerto de Brindisi. No hay evidencia de que realizase más viajes, aunque Salgari lo afirma en su autobiografía,
Frustrada su ambición de marino, en 1882 Salgari organizó en Verona una biblioteca ambulante y se dedicó al periodismo. Sus primeras incursiones literarias fueron pequeñas composiciones líricas, relatos breves y memorias, pero un año después se inició en la novela con I selvaggi della Papuasia (1883), publicada por entregas en el periódico milanés La Valigia.
Los viajes de la fantasía
Dio comienzo así a una intensa actividad. Consiguió a lo largo de su vida publicar un gran número de cuentos y 84 novelas, que desde el primer momento obtuvieron una excelente recepción del público y han sido traducidas a muchísimas lenguas.
En 1892 se trasladó a Turín y escribió La cimitarra de Buda, Los pescadores de ballenas y Los misterios de la jungla negra. Tras una estancia de dos años en Sampierdarena, donde entró en contacto con los ambientes marítimos de la Liguria para obtener nuevas ideas para sus libros, se trasladó a Turín. Allí produjo los ciclos de «los piratas de Malasia» y de «los corsarios del Caribe».
Del resto de su obra cabe mencionar Los pescadores de Trepang, Los tigres de Mompracem, El desquite de Sandokán o En las fronteras del Far West.
Salgari pudo ver cómo sus libros se convertían en best-sellers y fue reconocido como uno de los principales renovadores de la literatura juvenil italiana. Pero esto no impidió que su vida atravesará permanentes penurias económicas.
El aventurero
Después de haber participado en un par de trifulcas de taberna –a las que calificó de «aventuras»– Salgari conoció en 1891 a quien fue el amor de su vida y fuente de involuntarios infortunios. Ella era una joven actriz de teatro, Ida Peruzzi, a la que Emilio llamaba cariñosamente Aida, como la heroína de Giuseppe Verdi. Se casó con ella en 1892 y tuvo cuatro hijos: Fátima, Nadir, Romero y Omar. Esto lo llenó de alegría y también de deudas, aunque no le impidió vivir un matrimonio feliz durante años.
Gracias al éxito de sus obras consiguió un puesto como redactor fijo en La Nuova Arena, que mantuvo hasta 1893. Por entonces ocurrió un curioso incidente. Ofendido porque el periodista Giuseppe Biasioli lo llamo «mozo» en un artículo, lo desafió a duelo. Como resultado, Biasioli tuvo que ser hospitalizado y Salgari pasó seis meses en la cárcel. Sin duda las aventuras eran lo suyo en la fantasía y la realidad.
Éxitos oscurecidos
Aunque muy popular, Salgari obtuvo poco dinero de sus libros y vivió de prestado la mayor parte de su vida. En 1898 un editor lo convenció para que se mudase a Génova, donde trabó amistad con el que sería el más destacado ilustrador de su obra, Giuseppe «Pipein» Gamba. En 1900 regresó a Turín.
Las circunstancias económicas de la familia se fueron haciendo cada vez más difíciles. A pesar del trabajo incansable de Salgari para mantener un respetable decoro burgués, un contrato miserable y leonino para el editor se lo impedían.
Para complicar ese panorama, la vida de Salgari comenzó a nublarse con sucesivas tragedias. En 1889 se suicidó su padre. Después de 1903 se enfermo su esposa Ida. Su lucha con las deudas aumentó con los gastos médicos. Salgari cayó en una profunda depresión que en 1909 lo llevo a intentar suicidarse, sin éxito, clavándose un cuchillo en el corazón.
Muerte a lo samurai
Exitoso cómo escritor, las desgracias no dejaron de acosarlo. En diciembre de 1910, Ida, su gran amor, perdió la razón y tuvo que ser internada en un psiquiátrico cerca de Turín, donde murió en 1911. A Salgari esta circunstancia se le hizo insoportable y decidió poner fin a su existencia.
En la posdata de una de sus cartas escribió, «voy a morir al Valle de San Martino, cerca del lugar donde, cuando vivíamos en la calle Guastalla, íbamos a merendar. El cadáver se encontrará en uno de los barrancos que conocen, porque íbamos allí a recoger flores».
El 25 de abril de 1911, Emilio Salgari se abrió el vientre con un cuchillo según el rito japonés del seppuku, más conocido como harakiri. Tal vez, su inconcebible aventura final.
Dejó escritas tres cartas, dirigidas, respectivamente, a sus hijos, a sus editores y a los directores de los periódicos de Turín. La carta a sus editores es dolorosa:
«A vosotros, que os habéis enriquecido con mi piel, manteniéndome a mí y a mi familia en una continua semimiseria o aún peor, sólo os pido que, en compensación por las ganancias que os he proporcionado, os ocupéis de los gastos de mis funerales. Os saludo rompiendo la pluma. Emilio Salgari».
El destino trágico de Salgari es todo un tema para reflexionar. Al suicidio de su padre le siguió una cadena de suicidios familiares: el del propio escritor (1911), el de su hijo Romero (1931) y el de su otro hijo Omar (1963).
La trágica vida de un escritor que, como contrapartida, ha llenado de misterio, alegría y aventuras a varias generaciones de jóvenes lectores.
R.G.V.
Nota sobre Emilio Salgari
National Geographic. El italiano que se suicidó como un japonés
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