En la antigüedad, cuando la escritura no existía o estaba limitada a muy pocas personas, los contadores de cuentos, los narradores, eran esenciales. Preservaban historias, mitos y leyendas de su comunidad – que en muchos casos tenían contenidos espirituales o religiosos – y las trasmitían de una a otra generación. Comunicaban principios éticos, lecciones morales, y conocimientos diversos, por ejemplo, sobre la historia, la naturaleza y la sociedad. Además, cumplían una función de entretenimiento en las reuniones, las celebraciones y los momentos de descanso, con lo que contribuían al sentido de identidad y la cohesión social.
Antes de la invención de la escritura estos narradores eran fundamentales en todas las culturas. Eran personas muy valoradas por su sociedad y se trataba de un papel que no cualquiera estaba capacitado ni autorizado a desempeñar. Después de la aparición de la escritura, en algunas civilizaciones como la egipcia, mesopotámica o griega, la tradición oral continuó desempeñando un papel importante, ya que la alfabetización era limitada. Y lo mismo durante la Edad Media, especialmente en Europa, con los trovadores y juglares, o los griots en África occidental.
Cuando Gutenberg inventó la imprenta, en el siglo XV, comenzaron a difundirse masivamente los textos escritos y el panorama fue cambiando. A medida que más personas aprendían a leer, la narración oral fue perdiendo peso. No obstante, en áreas rurales y menos desarrolladas continuó siendo importante durante varios siglos más.
Con la expansión de la educación pública y la alfabetización a gran escala en Europa y América, el papel de los narradores orales empezó a reducirse significativamente. Sin embargo, en las sociedades menos desarrolladas, en muchas culturas indígenas y en zonas rurales alrededor del mundo, la oralidad siguió siendo fundamental.
Hoy podríamos decir que internet ha reemplazado a los narradores en la trasmisión de conocimientos e información y ya no son indispensables para esa tarea. El conocimiento está en una inmensa red al alcance de cualquiera, el conocimiento racional y lógico. Pero decía Rabindranath Tagore que «una inteligencia completamente lógica es como un cuchillo sin mango, que hiere a quien lo toca». La inteligencia sin sabiduría otorga la capacidad de resolver problemas, razonar y aprender, pero sin el juicio necesario para aplicar ese conocimiento de forma prudente o ética. La inteligencia sin sabiduría es IA, inteligencia artificial. Pues la sabiduría no proviene solamente del conocimiento científico racional o la acumulación de conocimientos.
Y aquí surge una pregunta, ¿A dónde fueron a parar la trasmisión de mitos y leyendas, la comunicación de principios éticos y cuestiones morales, el entretenimiento formador, el desarrollo de la fantasía y la imaginación, la generación de identidad y cohesión social que estaban antiguamente a cargo de los narradores orales? Todas necesidades indudables del ser humano y los grupos que integra.
Un tema sin duda más que interesante que les dejo para reflexionar y que continuaré en un proximo post. Para hoy quiero rescatar a ese niño que todos tenemos y que recuerda esos cuentos que sus padres o algún pariente le contaban antes de dormirse. Esa hermosa sensación de escuchar una voz confiable a través de la cual nos llegaban historias que nos agitaban la imaginación para introducirnos en el mágico mundo de los sueños.
El placer de escuchar historias
Hace un tiempo redescubrí este placer escuchando por internet cuentos en la voz de Hernán Casciari, un escritor, editor y creador de contenidos argentino, nacido en Mercedes, Provincia de Buenos Aires, en 1971.
Casciari se hizo inicialmente conocido por su trabajo de unión entre literatura e internet . Creó la Editorial Orsai, la productora Orsai Audiovisuales y dirige la revista Orsai, de crónica periodística y literatura. Ha vivido en Barcelona y en Buenos Aires. Realizó numerosos trabajos vinculados a la escritura, publicó más de una docena de libros, pero aquí me interesa destacar su tarea como contador de historias en radio, televisión y teatros.
En 2012 y hasta 2014 tuvo un micro en la radio Vorterix de Buenos Aires en donde relataba sus cuentos. Luego de sufrir un infarto en 2015 en Montevideo, Uruguay, los médicos le aconsejaron no viajar por un tiempo por lo que se radicó nuevamente en Argentina al año siguiente. En 2016 se integró al staff del programa Perros de la Calle en la Metros 95.1. Para el año 2018 comenzó a presentarse en bares para leer sus cuentos en un ciclo llamado «Leyendo en bares» donde en cada presentación leía una historia de cada uno de sus libros. En enero de ese año inició un micro en Telefé llamado «Cuentos de medianoche» que se emitió de lunes a viernes, en el cual Casciari leía un cuento de su autoría.
Hoy les comparto una pequeña selección de esos cuentos. Cuentos breves y sugerentes, leídos con el tono justo y la cadencia adecuada. Y aunque me gusta mucho leer, reencontré a través de ellos, en la palabra hablada, un encanto que me trasladó a la añorada dimensión de la escucha. Esa que he practicado con fruición en mi práctica como psicólogo y en mis charlas con amigos. Y que comparto hoy con ustedes.
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