Ayer me propuse que a partir de hoy voy a escribir algo todos los días (no para el blog, por suerte para ustedes). Se trata de un ejercicio de afinación del instrumento. Escribir es para mí un acto importante. En los textos aparecen verdades o vislumbres de ellas que de otro modo no circularían por mi mente, o por qué no decirlo, por mis dedos. Creo que el cuerpo se expresa de modo integral y la escritura sale en gran medida de los dedos más que de la divagación mental. Porque el cuerpo integra no sólo el pensamiento, sino las emociones y los sentidos en el aquí y ahora. En conjunto, si trabajan integrados, superan ampliamente a la imaginación, e incluso a la razón.

Escribir impone una atención diferente del habitual divagar de la mente por el universo de la imaginación: la mente de mono o la loca de la casa. Las propias palabras, las frases, los párrafos, van guiando la escritura por carrilles que en principio ni imaginamos, surgiendo así algo nuevo e inesperado en nosotros y para los otros. En esos instantes descubrimos que, aunque no lo parezca, uno tiene algo para decir, que siempre hay algo elaborándose en nuestro interior. Y que si no lo ponemos afuera, por escrito, queda inexpresado para siempre, difuminado en la neblina evanescente de la mente, ocultándonos vislumbres interesantes de nosotros y nuestra relación con el mundo que nos rodea.

Ojo con los Orozco

Esta mañana me desperté escuchando las noticias sobre la política y el andar del mundo, viendo como un tsunami de la llamada derecha pareciera extenderse sobre casi todas las regiones del planeta. Trump, Putin, etc. etc. y en nuestro pequeño país Milei. Y digo pequeño país no peyorativamente, sino por el lugar que Argentina ocupa en la economía mundial y en el desarrollo de los acontecimientos globales, que es muy escaso, pese a lo que quien nos gobierna actualmente imagine en su ciclópeo yo.

Esa enorme ola derechosa, desde todo punto de vista un retroceso en el desarrollo de los países, se centra en personajes mesiánicos y autoritarios, lejos de la intención democrática de occidente que avanzo luego de la Segunda Guerra Mundial. Se trata de un alejamiento de las ideas de igualdad, de los derechos de las minorías y de una concepción de la vida más humanitaria.

Teoría de la estupidez

Sinceramente me cuesta mucho comprender, o mejor dicho aceptar, que haya tanta distancia entre los avances en el conocimiento y la tecnología en todas sus ramas y el estado de consciencia de la humanidad, o, al menos, de quienes llegan a los puestos de poder y lo ejercen con el más pleno egoísmo, concentrándo a sus dirigidos en el tener más que en el ser, en el consumir más que en el estar en el mundo para desarrollarse y colaborar en la comprensión de nuestro papel en la parte del universo que nos ha tocado habitar.

Pienso en definitiva que no hay nada más importante que descubrir de dónde venimos los humanos en el transcurrir de la historia, cuál es nuestra misión en este mundo y en este universo, y hacia dónde debemos orientarnos colectivamente para vivir en armonía con el planeta en el cual estamos. Todo lo contrario de lo que la humanidad viene haciendo aún a partir de que la acumulación de conocimientos y tecnología le permite manejarse de un modo más sensato. Contaminamos el planeta, arruinamos su ecología, su clima, su fauna, su flora y a los propios seres humanos. La humanidad se ha convertido en una depredadora del planeta Tierra. Y pienso que su destino, de no aparecer personas conscientes que puedan intervenir de algún modo en el actual desarrollo de los acontecimientos, será la desaparición, ya que el Universo tiene su propio mecanismo para mantener el equilibrio, del cual la humanidad en su conjunto no puede escapar.

Así que nuestra posibilidad como seres humanos individuales es estar alertas sobre esta situación y ocuparnos de lo que está a nuestro real alcance: hacer nuestra vida más consciente, más productiva hacia nosotros y hacia los demás en sentido de la evolución interior, más armónica, más convencidos de que cada día es el último. Los momentos compartidos con quienes nos rodean y aprecian deben ser nuestro único y mejor capital invertido. Lo demás es la supervivencia, a la que más temprano que tarde se la lleva el viento.


Dicho esto, les comparto el video de un recital del excelente flautista «Mono» Izaurralde, con Diego e Ignacio Rodríguez interpretando temas del folklore argentino y un tango, que les recomiendo disfrutar con tiempo y buen sonido.

Rubén «Mono» Izaurralde es un músico, flautista y cantante argentino nacido en 1953. En la década de 1970 integró el grupo Anacrusa, luego formó parte de la agrupación Músicos Populares Argentinos con Peteco Carabajal y en la década de 1990 el Trío Vitale – Izaurralde – González. En 2006 ganó el Premio Gardel a «Mejor álbum» y «Artista de grupo de tango nuevas formas», por Cuartoelemento, album del  (2005).

Un abrazo para quienes hayan llegado hasta aquí.


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