Religión es hacer; un hombre no sólo piensa su religión o la siente, él “vive” su religión tanto como le es posible, de lo contrario no es religión sino fantasía o filosofía. Le guste o no, muestra su actitud hacia la religión por medio de sus acciones, y sólo puede mostrar su actitud mediante sus acciones. Por lo tanto, si sus acciones se oponen a las que demanda una religión determinada, no puede afirmar que pertenece a esa religión.
De «En Busca de lo Milagroso», George Ivanovitch Gurdjieff, p. 299
Hoy dedico este post a un hombre cuyas enseñanzas se dirigen a nuestras preguntas más esenciales: ¿Quién soy? ¿Por qué estoy aquí? ¿Cuál es el propósito de la vida, y de la vida humana en particular? Me refiero a George Ivanovitch Gurdjieff.
De joven, Gurdjieff persiguió incansablemente estas preguntas y llegó a convencerse de que las respuestas prácticas se hallaban en las tradiciones antiguas. Tras muchos años de búsqueda y práctica, descubrió respuestas y luego se dedicó a poner en una forma comprensible para el mundo occidental lo que había aprendido.
Gurdjieff sostenía que, debido a las condiciones anormales de la vida moderna, ya no funcionamos de manera armoniosa. Enseñaba que, para volvernos armoniosos, debemos desarrollar nuevas facultades —o actualizar potencialidades latentes— mediante el “trabajo sobre uno mismo”.
Presentó sus enseñanzas e ideas en tres formas: escritos, música y movimientos, que corresponden a nuestro intelecto, emociones y cuerpo físico.

Para quienes quieran conocer más sobre estas ideas
Incluyo a continuación un ensayo sobre Gurdjieff de Michel de Salzmann publicado en inglés en Gurdjieff International Review, y publicado anteriormente en The Encyclopedia of Religion, 16 Volumenes, Mircea Eliade, editor en jefe, New York: Macmillan, 1987.
Georgii Ivanovich Gurdzhiev (1877?-1949) fue un maestro espiritual greco-armenio que sigue siendo una figura enigmática y una influencia cada vez mayor en el panorama contemporáneo de las nuevas enseñanzas religiosas y psicológicas. Parecido más a la figura de un patriarca zen o a un Sócrates que a la imagen familiar de un místico cristiano, Gurdjieff fue considerado por quienes lo conocieron simplemente como un incomparable “despertador” de los hombres. Trajo a Occidente un modelo integral de conocimiento esotérico y dejó tras de sí una escuela que encarnaba una metodología específica para el desarrollo de la conciencia.
Por el término conciencia Gurdjieff entendía algo mucho más que la simple consciencia mental y el funcionamiento psicológico. Según él, la capacidad de conciencia requiere una fusión armónica de las energías distintivas de la mente, el sentimiento y el cuerpo, y sólo esto puede permitir la acción dentro del hombre de aquellas influencias superiores asociadas a nociones tradicionales como nous, buddhi o atman. Desde esta perspectiva, el hombre tal como lo encontramos es en realidad un ser inacabado, inconscientemente dirigido por su condicionamiento automático bajo el dominio de estímulos externos. La amplia variedad de métodos de Gurdjieff puede entenderse como instrumental para la realización de la autoconciencia y de los atributos espirituales del “hombre real”: la voluntad, la individualidad y el conocimiento objetivo. Estos métodos y su enseñanza sobre la evolución del hombre están implicados en una vasta red de ideas cosmológicas expuestas tanto en sus propios escritos como en En busca de lo milagroso (Nueva York, 1949) de P. D. Ouspensky.
Gurdjieff Piano Series – Joyous Hymn | Hayk Melikyan, piano
Durante su vida, a pesar de las crónicas sensacionalistas escritas sobre él en la prensa de los años veinte, Gurdjieff fue casi desconocido fuera de su círculo de seguidores. A partir de la década de 1950, sin embargo, sus ideas comenzaron a difundirse, tanto por la publicación de sus propios escritos como por los testimonios de sus discípulos. Su carácter personal excepcional, especialmente su genio para utilizar cada circunstancia de la vida como un medio para ayudar a sus alumnos a sentir la verdad completa sobre sí mismos, dio lugar a numerosos relatos engañosos que durante muchos años oscurecieron la integridad de sus ideas. Hoy, sin embargo, la enseñanza de Gurdjieff ha emergido de ese trasfondo de rumores e insinuaciones para ser reconocida como una de las más penetrantes enseñanzas espirituales de los tiempos modernos.
Gurdjieff nació en Alexandropol, en la región sur del Transcáucaso ruso. Su padre era griego y su madre armenia. Excepcionalmente dotado, de niño contó con tutores de la Iglesia ortodoxa y fue precozmente preparado tanto para el sacerdocio como para la medicina. Convencido de que el hilo del conocimiento esotérico perenne se conservaba en alguna parte, abandonó el camino académico para emprender una búsqueda de respuestas últimas. Durante unos veinte años (1894–1912) llevó a cabo su búsqueda —en su mayoría en Asia Central y Oriente Medio— del núcleo de las tradiciones antiguas. Este capítulo de su vida sigue siendo un misterio, aunque los acontecimientos más significativos se relatan en su narración autobiográfica Encuentros con hombres notables.
Gurdjieff Piano Series – Untitled Pieces, Afghan Melody, Holy Affirming, Denying & Reconciling
En 1913, Gurdjieff apareció en Moscú con una enseñanza plenamente desarrollada y comenzó a organizar grupos de alumnos, principalmente de la intelligentsia. Desde entonces la trayectoria de su vida puede seguirse con más claridad. Tanto el escritor ruso P. D. Ouspensky como el compositor Thomas de Hartmann describen la continuidad de su obra durante las penurias de la Revolución bolchevique y el viaje que lo llevó con sus seguidores al Cáucaso (1917), luego a Constantinopla (1920) y finalmente a Fontainebleau, Francia, al sur de París, donde en 1922 pudo establecer sobre una base más firme su Instituto para el Desarrollo Armónico del Hombre en el Priorato de Avon.
La doctrina y los métodos experimentales del instituto atrajeron pronto a numerosos artistas e intelectuales destacados de Inglaterra y Estados Unidos, que acudieron a conocer a Gurdjieff y, finalmente, a trabajar con él. La mayoría de ellos, como Maurice Nicoll, Jane Heap y Katherine Mansfield, habían sido introducidos a la enseñanza por A. R. Orage, el célebre crítico y editor de The New Age, y por P. D. Ouspensky.
A principios de 1924, Gurdjieff realizó su primera visita a Estados Unidos, acompañado de un numeroso grupo de discípulos, donde, principalmente en Nueva York, ofreció una serie de presentaciones públicas de su trabajo sobre danzas sagradas. Su objetivo era mostrar los principios olvidados de una “ciencia de movimientos” objetiva y demostrar su papel específico en la obra del desarrollo espiritual.
En el verano de 1924, tras un accidente automovilístico casi fatal, Gurdjieff decidió reducir las actividades de su instituto y el círculo de sus seguidores, y asegurar el legado de sus ideas en forma escrita. Para 1934 había completado las dos primeras series de sus escritos y parte de la tercera. Mientras tanto, mantuvo el contacto con sus discípulos más antiguos, regresó dos veces a Estados Unidos (en 1929 y 1933) y se estableció definitivamente en París.
Georges Gurdjieff – Prayer and Despair | Hayk Melikyan
En 1935, Gurdjieff reanudó su trabajo con grupos, asistido por Jeanne de Salzmann, su discípula más cercana, quien más tarde se encargó de la continuación de su obra. Aunque se exigía extrema discreción a sus seguidores, los grupos en Francia se expandieron continuamente, incluso durante la guerra, e incluyeron figuras destacadas de la literatura, el arte y la medicina, como René Daumal, Kathryn Hulme y P. L. Travers. Tras la guerra, la familia internacional de discípulos de Gurdjieff volvió a reunirse a su alrededor. Hizo su última visita a Estados Unidos en diciembre de 1948 y, a pesar de la enfermedad, continuó trabajando intensamente hasta su muerte, en París, el 29 de octubre del año siguiente.
Relatos de Belcebú a su nieto, publicado por primera vez en inglés en 1950, es su obra maestra: una visión vasta y panorámica sin precedentes de toda la vida del hombre en la Tierra vista por seres de un mundo distante. A través de una alegoría cósmica y bajo el velo de anécdotas discursivas y elaboraciones lingüísticas provocadoras, transmite lo esencial de la enseñanza de Gurdjieff. Encuentros con hombres notables, publicado en 1963, relata la juventud de Gurdjieff y su incansable búsqueda de conocimiento. Gurdjieff había planeado completar su trilogía con una serie final titulada La vida es real sólo cuando “yo soy”; sin embargo, el manuscrito nunca fue terminado y parte de él se perdió. La parte restante, cruda y fragmentaria, fue publicada en 1981. Perspectivas desde el mundo real, publicado en 1973, es una colección de charlas de Gurdjieff registradas por sus alumnos en la década de 1920. Gurdjieff también dejó una cantidad considerable de música, compuesta en colaboración con Thomas de Hartmann. Parte de esta música fue utilizada para acompañar los movimientos y danzas sagradas que constituían una parte esencial de la enseñanza de Gurdjieff y que han sido documentadas y preservadas por sus discípulos.
El trabajo específico y la investigación correlativa propuestos por Gurdjieff han sido continuados y ampliados, bajo la guía de sus discípulos, a través de fundaciones y sociedades en la mayoría de las principales ciudades del mundo occidental. También han surgido otros grupos que, aunque no vinculados a sus discípulos, afirman seguir a Gurdjieff o tener alguna relación con su enseñanza.
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