Hace poco más de un año descubrí un concurso de microrrelatos. Cuando me enteré de ese certamen no tenía ni idea de sus características, así que averigué en qué consistía. Solicitaban textos en prosa con un máximo de 100 palabras. «¡Cien palabras!» me dije, «imposible escribir algo coherente con esa extensión».
No obstante, acepté el desafío y descubrí textos brevísimos de otros autores muy interesantes e ilustrativos. Luego puse manos a la obra y obtuve resultados con algún grado de satisfacción. Hoy les comparto cinco microrrelatos de escritores consagrados y luego tres textos que rescato de los que preparé para el concurso, junto con algunas ideas e información sobre el atrayente mundo de los microrrelatos.
Según David Lagmanovich «lo que define al microrrelato es la economía de los elementos, el rechazo a todo lo ornamental, el horror al énfasis, a aquello a lo que Groussac le llamaba el floripondio».
Lagmanovich fue un crítico literario y escritor argentino quien, como investigador en el campo de la microficción, contribuyó a sentar las bases críticas del género del microrrelato con importantes obras como El microrrelato. Teoría e historia (2006) y La otra mirada. Doctor en Literatura por la Georgetown University, además de su labor de crítico y escritor fue docente en distintas universidades en Argentina, Estados Unidos y Alemania.
A los microrrelatos se los denomina también minificciones, microcuentos, minicuentos, historias ultrabreves, relatos bonsái, y otras denominaciones que hacen referencia a la brevedad. Se trata de textos cortos en prosa, de naturaleza narrativa y ficcional que, usando un lenguaje preciso y conciso, se sirven de la elipsis para contar una historia sorprendente a un lector activo (Ginés S. Cutillas. Lo bueno, si breve, etc. Decálogo práctico del microrrelato, 2016. p. 19.).
En general se considera que los microrrelatos deben tener no más de 300 palabras, mientras que los relatos cortos oscilan entre las 1000 y 7500 palabras.
No los aburro más con definiciones. Para los interesados en más información sobre este tema les dejo links al final del post. Vamos a los textos.
Instrucciones para dar cuerda al reloj
Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan. ¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.
Julio Cortázar
El adivino
En Sumatra, alguien quiere doctorarse de adivino. El brujo examinador le pregunta si será reprobado o si pasará. El candidato responde que será reprobado…
Jorge Luis Borges
La tortuga y Aquiles
Por fin, según el cable, la semana pasada la tortuga llegó a la meta.
En rueda de prensa declaró modestamente que siempre temió perder, pues su contrincante le pisó todo el tiempo los talones.
En efecto, una diezmiltrillonésima de segundo después, como una flecha y maldiciendo a Zenón de Elea, llegó Aquiles.
Augusto Monterroso
Una pequeña fábula
«Ay», dijo el ratón, «el mundo se está haciendo más chiquito cada día. Al principio era tan grande que yo tenía miedo, corría y corría, y me alegraba cuando al fin veía paredes a lo lejos a diestra y siniestra, pero estas largas paredes se han achicado tanto que ya estoy en la última cámara, y ahí en la esquina está la trampa a la cual yo debo caer».
«Solamente tienes que cambiar tu dirección», dijo el gato, y se lo comió.
Franz Kafka
El gesto de la muerte
Un joven jardinero persa dice a su príncipe:
-¡Sálvame! Encontré a la Muerte esta mañana. Me hizo un gesto de amenaza. Esta noche, por milagro, quisiera estar en Ispahán.
El bondadoso príncipe le presta sus caballos. Por la tarde, el príncipe encuentra a la Muerte y le pregunta:
-Esta mañana ¿por qué hiciste a nuestro jardinero un gesto de amenaza?
-No fue un gesto de amenaza -le responde- sino un gesto de sorpresa. Pues lo veía lejos de Ispahán esta mañana y debo tomarlo esta noche en Ispahán.
Jean Cocteau
Los monstruos
Esa noche la visitó el ángel. “Llévame a un lugar sin sufrimiento”, le dijo ella. “No puedo, está dentro tuyo, sólo abre los ojos”, respondió el alado. Y le acarició la cabeza como ella lo hacía con su hijo cuando los monstruos no lo dejaban dormir.
Soñó con colinas, arroyos, aves, flores multicolores y un sol que atravesaba sus párpados cerrados.
Por la mañana pudo sonreir luego de mucho tiempo, aunque su hijo no estaba en el cuarto, desde aquella noche en que sus caricias no pudieron impedir que los monstruos se lo llevaran.
Pasado
Un día, mientras Tomás observaba cuadros antiguos, una imagen lo dejó sin aliento: el retrato de un hombre extraordinariamente parecido a él. Intrigado, investigó y descubrió que aquel hombre había vivido siglos atrás y tenía su mismo nombre en idioma inglés.
Con cada revelación, la certeza de haber tenido una vida anterior se apoderó de él. Comenzó a tener extraños recuerdos, eventos olvidados, amores perdidos. La frontera entre su vida actual y la pasada se volvió cada vez más borrosa. Hasta una mañana en que Thomas despertó y todo a su alrededor le resultó asombrosamente familiar.
Amor
Era el desayuno rutinario de un día cualquiera. El untaba una tostada con cara de sueño. Ella observaba somnolienta su taza de café.
Uno de ellos preguntó: ¿alguna vez me fuiste infiel? Hubo un breve cruce de miradas. A la luz del interrogante, recuerdos de situaciones pasadas se volvieron ambiguos, sospechosos, inquietantes. El ambiente se enturbió.
Ella llevó con desgano la taza de café a su boca, él hizo lo mismo con la tostada. Él dijo que la manteca no tenía el gusto de siempre. Ella respondió que el café estaba frío.
Ambos coincidieron en que iba a llover.
Ricardo Gómez Vecchio
Entrevista a David Lagmanovich
Narrativa breve, Microrrelatos
Libro «Cómo escribir un microrrelato». Entrevista a Ana María Shua
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