Hoy 25 de mayo se celebra en Argentina el Día de la Patria. Confieso que mi gen patriótico mutó considerablemente desde los años escolares. Desconozco que es lo que queda hoy en mí del concepto de patria originalmente forjado en las fiestas escolares, los desfiles de las fechas patrias, las composiciones sobre los próceres como San Martín y Belgrano (mi preferido), las clases de historia, la Islas Malvinas, etc. Muy poco tal vez.

Desmond Tutu, el clérigo y pacifista sudafricano, decía que «la verdadera grandeza de una patria radica en su capacidad para reconocer y valorar la diversidad de culturas, ideas y creencias que conviven en su seno, construyendo así una identidad nacional inclusiva y plural.»

Argentina es un país con una gran diversidad de grupos étnicos, lingüísticos y culturales. El concepto de patria ha sido debatido en relación con la inclusión de esta diversidad y la promoción de un proyecto nacional que reconozca y valore la pluralidad de identidades. ¿Estamos cerca de lograrlo?

Nuestro país se constituyó sobre un genocidio indígena que aún no es reconocido ni por el Estado ni por la sociedad. Pervive no sólo el racismo brutal, sino también el sutil, el casi imperceptible, que lleva a desconocer estos hechos históricos y sus consecuencias, que siguen vigentes.

Luego se sumaron numerosas comunidades de inmigrantes. Algunos llegaron en forma forzada en la época de la colonia. Según los registros históricos, hace 200 años en ciudades como Buenos Aires los negros llegaron a representar más del 20% de la población. Pero durante décadas, los historiadores, empeñados en construir una identidad nacional basada principalmente en la herencia europea, obviaron el aporte crucial de los esclavos y sus descendientes al desarrollo económico, cultural y político.

La inmigración mayormente europea (sobre todo italianos y españoles, en ese orden) y en menor medida del Asia Occidental incluyendo considerables corrientes árabes y judías, se produjo entre finales del siglo XIX y la primera mitad del XX .

A ello se sumaron las corrientes migratorias provenientes de países vecinos, como Uruguay, Paraguay, Chile, Bolivia, Perú, y en los últimos años Venezuela, por nombrar algunos.

Ya en el siglo XXI, nuestra patria no ha sido capaz de garantizar la igualdad y la justicia para todos sus ciudadanos. La corrupción, el nepotismo, la incompetencia gubernamental o la falta de representación política han generado en muchos desilusión hacia las instituciones y líderes de la patria.

La pobreza, el desempleo, la falta de oportunidades de educación o el acceso limitado a servicios básicos han llevado a muchos a una sensación de resentimiento hacia una patria que no ha sido capaz de garantizar el bienestar y la prosperidad de sus habitantes.

Muchos se han ido buscando otros horizontes. Otros nos hemos quedado en esta patria desteñida. Me encuentro entre estos últimos. Y siento que a muchos de nosotros nos identifican los dos últimos versos de un poema que dedicó Jorge Luis Borges a la Ciudad de Buenos Aires:

«No nos une el amor sino el espanto; será por eso que la quiero tanto».

El folklore en Argentina

La palabra folklore se usa para definir a expresiones culturales anónimas, populares y tradicionales. En nuestro país, sin embargo, el folklore es una música de autor conocido, inspirada en ritmos y estilos de nuestra tierra. Pero ¿de dónde salen esos ritmos? Nuestra música folklórica, como todo lo que pasa por acá, es el resultado de una conjunción de culturas que fueron aportando lo suyo a lo largo de la historia.

Sus raíces están en las culturas indígenas originarias propias de nuestro territorio. Con el tiempo, ciertos movimientos culturales, derivados de hechos históricos, fueron introduciendo cambios: la colonización española, la inmigración africana causada por el tráfico de esclavos (siglos XVI-XVIII), la gran ola de inmigración europea (1880-1950)​ y la gran migración interna (1930-1980).

El folklore como género musical comenzó a ser más popular en los años 30 y 40: las olas de inmigración que llegaban del campo a las ciudades fueron trayendo consigo esa música y expandiéndola. En los años 50, finalmente, se dio el “boom del folklore”, cuando se convirtió en el género principal de la música popular nacional junto con el tango. Las dos décadas siguientes afianzaron esta popularidad, con la aparición de grandes festivales del género, como el Festival Nacional del Folklore De Cosquín.

Con la etapa más oscura de nuestra historia, llegó la represión cultural y grandes voces de nuestra música tuvieron que exiliarse.

De Soyargentino.com

«Yo gané», la historia de un himno nacional

A los 18 años Eulogia Tapia les ganó un contrapunto de coplas al poeta Manuel José Castilla y al compositor Gustavo «Cuchi» Leguizamón en La Poma, Salta.

Eulogia aún recuerda en detalle su primer encuentro con Castilla y Leguizamón. “Yo venía de pasear, en la fiesta de Carnaval, por el pueblo histórico. Y ahí los encontré. Estuvimos todo el día paseando. Y me largué a cantar con ellos. Ellos cantaban coplas, igual que yo. Entonces los contrapuntié. Y al final, el último que quedaba cantando se calló y gané yo. Y ahí mi primo hermano les dijo: ‘¿Qué le van a dedicar a mi prima, que les ha ganado?’ Y ellos me dijeron: ‘Bueno, mirá, Eulogia, nosotros te vamos a dedicar un tango o un waltz’. Pero les dije: ‘Esas cosas no me gustan. Me gusta la zamba, folklore escucho’. ‘Bueno, entonces te vamos a dedicar un gato, o una chacarera’. De zamba no me dijeron nada”, recuerda entre risas, en medio del valle. Cada vez que alguna oveja o cabra se separa del rebaño, ella grita “¡Chá! ¡Chá!” y sus perros las rodean.

Al día siguiente, los dos músicos quisieron volver a verla. El primo de Eulogia los llevó hasta su casa. Encontraron a Eulogia en el campo cosechando alfalfa junto a su padre, y quisieron contarle a Don Tapia lo bien que copleaba su hija. Pero él no estaba de humor. “Por buena coplera le han robado las cabras”, les respondió. Eulogia era la encargada de las cabras el día en que fue al pueblo a festejar Carnaval. Y durante su ausencia fueron robadas.

Pocos años después, la madre de Eulogia, también coplera, fue a buscarla corriendo a campo abierto. “Me dijo que en la radio había una canción dedicada a mí. Me puse muy contenta. Habían hecho una zamba, y hablaba de las cabras que perdí, del caballo blanco, de la cosecha de trigo y de la alfalfa, de la caja coplera. Sabía que la canción no se iba a perder más nunca, que era un recuerdo para siempre”, dice hoy, también desde el campo pomeño.

Tras la publicación de la canción, en 1969, Leguizamón y Castilla ganaron aún más renombre del que ya tenían. Tanto es así que actualmente, habiendo fallecido los dos hace décadas, La Pomeña figura como la obra cumbre de ambos en sus biografías.

A lo largo de los años La «Pomeña» se convirtió en una de las canciones más emblemáticas del folklore argentino y ha sido interpretada por numerosos artistas a lo largo de los años, incluyendo por supuesto a la inolvidable Mecedes Sosa.

Fragmento de la nota de María Nollmann, La Nación 5/9/2023

El seclanteño

La canción «El Seclanteño» de Pedro Aznar es una joya de la música folklórica argentina que nos transporta a las raíces y tradiciones de la cultura del país. Con su melodía y letra emotiva, la canción relata la historia de un seclanteño, un hombre de la región de Santiago del Estero, conocida por su rica tradición folklórica.

A través de la música, Aznar hace un homenaje a esta figura emblemática, describiendo la vida y el sentir de este hombre sencillo pero lleno de sabiduría ancestral. La canción es una oda a la sencillez y autenticidad de aquellos que trabajan la tierra y viven en armonía con la naturaleza.

El significado de «El Seclanteño» está arraigado en el amor por la tierra y la identidad cultural. La letra nos invita a conectarnos con nuestras raíces y a valorar la riqueza de nuestras tradiciones. Además, se puede apreciar un mensaje de respeto hacia los valores del campo y de reconocimiento hacia aquellos que dedican sus vidas al trabajo duro y la sabiduría transmitida de generación en generación.

En definitiva, «El Seclanteño» es una canción que nos invita a reflexionar sobre nuestras raíces, a valorar la naturaleza y nuestras tradiciones culturales. Es una manera de mantener vivas y festejar nuestras raíces, a través de la música y el arte. Pedro Aznar logra transmitir con su voz y su interpretación la esencia de este personaje y su conexión profunda con la tierra.

De Letras y Acordes. web


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