Durante mucho tiempo, se pensaba que la inmensa Amazonía fue un territorio culturalmente marginal en la historia de América precolombina. La imagen dominante era la de una selva casi intacta, habitada por pequeños grupos humanos dispersos que apenas habrían modificado el paisaje.

El fin de la Amazonía “vacía”

Los hallazgos realizados en los últimos años en distintas zonas de la Amazonia han comenzado a resquebrajar esa visión. Uno de los que más contribuyó fue el descubrimiento de antiguas redes urbanas en el Valle de Upano, al que ya dediqué un post en este blog. Las ciudades reveladas allí mediante tecnología LiDAR mostraron que la Amazonía albergó sistemas urbanos complejos mucho antes de lo que se suponía.

Pero Upano no es un caso aislado. Otro paisaje arqueológico igualmente revelador se encuentra más al sur, en la Amazonía boliviana: los Llanos de Mojos.


Un paisaje aparentemente natural

Los Llanos de Mojos —también llamados Llanos de Moxos— forman una vasta sabana estacionalmente inundable en el actual departamento del Beni, en Bolivia. Durante gran parte del año, el agua cubre extensiones enormes de ese territorio, lo que durante mucho tiempo llevó a pensar que había sido un ambiente poco favorable para el desarrollo de sociedades complejas.

Los Llanos de Mojos en la Amazonía boliviana, una de las regiones arqueológicas más extensas de Sudamérica.

La arqueología ha demostrado lo contrario. A lo largo de esta región se han identificado miles de estructuras construidas por sociedades prehispánicas: montículos habitacionales, campos agrícolas elevados, canales de drenaje, reservorios de agua y caminos elevados que atraviesan las sabanas inundables.

Lo que hoy parece un ambiente natural es, en realidad, un paisaje que durante milenios fue profundamente transformado por la acción humana.


Primeros habitantes

Las investigaciones arqueológicas indican que la presencia humana en los Llanos de Mojos es muy antigua. En pequeñas elevaciones conocidas como “islas de bosque” se han hallado restos de ocupación que superan los 10.000 años de antigüedad. Estos primeros grupos eran cazadores-recolectores que aprovechaban los recursos de los ríos, lagunas y sabanas estacionales.

En esos depósitos arqueológicos se encontraron microrestos vegetales que indican el manejo temprano de ciertas plantas. Entre las plantas que se identificaron aparecen especies fundamentales en la historia agrícola americana: Manihot esculenta (yuca, mandionca) Cucurbita (calabazas, zapallos, zapallitos) y Zea mays (maíz).

Algunas de estas evidencias se remontan a cerca de 10.000 años, por lo que varios investigadores consideran que la región pudo haber sido uno de los centros tempranos de domesticación vegetal en Sudamérica.

“En pequeñas elevaciones conocidas como ‘islas de bosque’ se han hallado restos de ocupación que superan los 10.000 años de antigüedad.”


La transformación del paisaje

Con el paso de los milenios, las comunidades que habitaron esta región desarrollaron formas cada vez más complejas de adaptación al ambiente. El problema principal era el agua. Las inundaciones anuales podían cubrir enormes extensiones del territorio durante varios meses. La respuesta fue una notable estrategia de ingeniería hidráulica.

Construyeron miles de campos elevados —conocidos como camellones— que permitían cultivar por encima del nivel del agua. Excavaron canales para controlar las inundaciones y conectaron lagunas y reservorios que probablemente servían tanto para el drenaje como para la pesca.

Este sistema agrícola a gran escala transformó completamente el paisaje.


El desarrollo de sociedades complejas

Hacia el primer milenio de nuestra era, se desarrolló en la región la Cultura Casarabe. Las investigaciones recientes revelan que estas sociedades construyeron centros urbanos monumentales de tierra, organizados en torno a grandes plataformas, plazas y redes de caminos elevados.

Entre los sitios más importantes se encuentran Cotoca y Landívar. Estos centros formaban parte de redes regionales de asentamientos conectados por calzadas y sistemas hidráulicos. La escala de estas construcciones sugiere poblaciones numerosas y formas de organización social complejas.

Durante siglos, estas sociedades pudieron integrar agricultura intensiva, manejo del agua y planificación territorial en un entorno ecológicamente desafiante.

Los descubrimientos en los Llanos de Mojos no solo amplían el mapa arqueológico de América. También obligan a reconsiderar algunos supuestos profundamente arraigados.

Origen de la agricultura en América

Las evidencias de manejo temprano de plantas sugieren que los Llanos de Mojos podrían haber sido uno de los focos antiguos de domesticación vegetal en Sudamérica.

Los estudios de microrestos vegetales —especialmente fitolitos y granos de almidón en sedimentos arqueológicos— permitieron identificar especies cultivadas o manejadas desde fechas muy tempranas. Entre ellas plantas fundamentales en la historia agrícola del continente, como las mencionadas Manihot esculenta, diversas especies del género Cucurbita y formas tempranas de Zea mays.

Manihot esculenta, Cucurbita y Zea mays.

Las dataciones de algunos de estos restos se aproximan a los 8000 a.C., lo que sitúa estas prácticas de manejo vegetal a comienzos del Holoceno (período geológico actual que comenzó 9700 a.C.). No se trata todavía de agricultura plenamente desarrollada, sino de procesos graduales de experimentación, selección y manejo del entorno vegetal.

Esta evolución coincide con lo que la arqueología ha observado en otras regiones del mundo: la transición hacia la agricultura no fue un evento súbito, sino un largo período de interacción entre las comunidades humanas y las plantas.

Lo destacable en el caso de los Llanos de Mojos es que estos procesos ocurrieron en un ambiente tropical húmedo, considerado durante mucho tiempo poco propicio para la domesticación vegetal. Los datos actuales sugieren que la Amazonía no fue simplemente receptora de cultivos provenientes de otras regiones, sino también un espacio activo de innovación agrícola.


Amazonía y las civilizaciones complejas

Durante gran parte del siglo XX los científicos estimaban que los suelos pobres de la Amazonía habían limitado el desarrollo de sociedades densamente pobladas. Según esta visión, las comunidades amazónicas habían permanecido pequeñas y dispersas. Los descubrimientos en los Llanos de Mojos obligan a revisar esa idea.

La escala de las modificaciones del paisaje que se observan es extraordinaria. Miles de campos elevados, extensas redes de canales de drenaje, reservorios de agua y montículos habitacionales artificiales forman un sistema integrado de manejo hidráulico y agrícola.

En algunos sectores se han identificado centenares de kilómetros de infraestructuras hidráulicas, lo que implica niveles considerables de organización social y trabajo colectivo.

Las investigaciones recientes también han revelado la existencia de centros monumentales de tierra, asociados a la llamada Cultura Casarabe, que se desarrolló aproximadamente entre los siglos VI y XV de nuestra era. Sitios como Cotoca y Landívar muestran una planificación espacial que incluye plataformas monumentales, plazas y redes de caminos elevados que conectaban distintos asentamientos.

Estos paisajes corresponden con un modelo que algunos investigadores describen como urbanismo tropical de baja densidad: extensos territorios habitados, organizados en redes de centros ceremoniales, áreas residenciales y sistemas agrícolas.

En conjunto, estas evidencias muestran que la Amazonía pudo albergar sociedades complejas capaces de planificar el territorio y transformar el paisaje a gran escala.

Imagen LiDAR de un centro monumental en los Llanos de Mojos. La tecnología revela estructuras de tierra ocultas bajo la vegetación, evidenciando la planificación urbana de la cultura Casarabe.


El mito de la “Amazonía prístina”

Durante siglos se consideró a la Amazonía uno de los grandes espacios “vírgenes” del planeta, una selva prácticamente intacta, poco alterada por la presencia del hombre. Pero los recientes descubrimientos demuestran que esa imagen es un producto histórico relativamente reciente.

Las investigaciones arqueológicas, paleoecológicas y etnobotánicas sugieren que amplias zonas de la Amazonía han sido paisajes culturales, moldeados por la acción humana durante miles de años.

El sistema de campos elevados y canales de los Llanos de Mojos es un ejemplo evidente de esa transformación, aunque no el único. En distintas regiones amazónicas se han identificado suelos enriquecidos artificialmente —las llamadas terras pretas—, bosques con altas concentraciones de especies útiles para las poblaciones humanas y extensos paisajes agrícolas hoy cubiertos por la vegetación.

Esto no significa que la selva amazónica haya sido “urbanizada” en el sentido moderno del término, sino que la relación entre sociedad y naturaleza fue mucho más intensa y prolongada de lo que se suponía. En muchos casos, los ecosistemas actuales son el resultado de siglos —o milenios— de interacción entre las comunidades humanas y el ambiente.


Diez mil años bajo la selva

Los descubrimientos en los Llanos de Mojos revelan una historia de más de 10.000 años de interacción entre las sociedades humanas y el paisaje amazónico. A lo largo de ese período se desarrollaron procesos de manejo temprano de plantas que pudieron contribuir a la domesticación de especies fundamentales, formas sofisticadas de adaptación ecológica a un entorno inundable, sistemas monumentales de ingeniería hidráulica capaces de reorganizar el territorio y, finalmente, redes de asentamientos y centros urbanos complejos como los asociados a la cultura Casarabe.

Lejos de ser un territorio marginal en la historia de América, se ha comprobado que Amazonía fue un escenario donde diversas sociedades desarrollaron estrategias originales para habitar uno de los ambientes más complejos del planeta.

La evidencia arqueológica actual obliga a descartar la idea de que la gran selva sudamericana fue siempre un espacio vacío o escasamente transformado por el ser humano. La Amazonía no ha estado fuera de la historia de la civilización americana, sino que ha sido uno de sus escenarios más antiguos y sorprendentes.

Fuentes y referencias bibliográficas

Lombardo, U., José Iriarte, et al. (2020).
Early Holocene crop cultivation and landscape modification in Amazonia.
Nature
(open access)

Prümers, H., Betancourt, C. J., et al. (2022).
“Lidar reveals pre-Hispanic low-density urbanism in the Bolivian Amazon”
Nature
(open access)

Clark L. Erickson (2008).
Amazonia: The historical ecology of a domesticated landscape.
(versión disponible en repositorios académicos)
https://www.sas.upenn.edu/~cerickso/

Erickson, Clark L.
Materiales y publicaciones del autor (open access):
https://www.sas.upenn.edu/~cerickso/


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