Mi conocimiento sobre técnicas e historia de la pintura es limitado para análizar la relevancia de los artistas que comparto en este post. Me mueve a escribir la psicología que late detrás de sus obras.

Comparto hoy dos obras. Una del suizo Johann Heinrich Füssli, un clérigo rebelde del siglo XVIII volcado en el drama literario, y otra de su compatriota Arnold Böcklin, un pintor del siglo XIX formado bajo el rigor académico y la contemplación de las ruinas italianas.

Cuando cerramos los ojos y huimos de la realidad cotidiana, nos topamos con estructuras del inconsciente, un territorio con leyes propias, ajeno a los calendarios. Por eso me parece interesante que dos creadores separados por un siglo de historia y por formaciones biográficas opuestas coincidan en un mismo registro psicológico: la necesidad de retratar lo que habita al otro lado de la vigilia.

Mientras sus contemporáneos se obsesionaban con registrar las revoluciones, las industrias o la crónica social de la calle, estos dos artistas eligieron mirar hacia adentro. De esa introspección brotaron en su pintura dos expresiones puras de la mente humana: la distorsión de nuestros propios demonios y la inmensidad del descanso definitivo.

El terror del sueño

En su cuadro La pesadilla (1781), Füssli despoja a la pintura de su función decorativa para convertirla en un mapa de la opresión. Una mujer yace desmayada, desparramada sobre el lecho en una postura que evoca una vulnerabilidad absoluta. El foco de luz incide sobre ella, pero la verdadera carga del cuadro reside en las sombras que la aplastan.

La pesadilla, de Johann Heinrich Füssli

Sobre su pecho se posa un íncubo, criatura grotesca y pesada que encarna el terror nocturno. No es una ilustración mitológica, sino la representación de la parálisis del sueño y la culpa. Al fondo, una yegua de ojos ciegos y espectrales emerge entre las cortinas.

La presencia de este animal es un juego de palabras que Füssli —un intelectual que llegó a ordenarse como clérigo protestante antes de huir a Inglaterra— dejó sembrado en el lienzo. En inglés, pesadilla se traduce como Nightmare, un término que el folklore vinculaba directamente con una yegua nocturna (mare) que transportaba a los demonios del sueño. Füssli logra plasmar el ruido mental, la agitación del alma y la angustia de una mente atrapada en el laberinto de sus fijaciones. El inconsciente manifestándose a través del colapso y la distorsión orgánica.

El silencio de la mente

Como contraparte a este ruido nocturno, un siglo después, Arnold Böcklin ofrece el extremo opuesto del viaje interior. En su pintura La isla de los muertos (1880), la agitación se disuelve para dar paso a una quietud mística.

La isla de los muertos, de Arnold Böcklin

A diferencia de Füssli y su caótico misticismo literario, Böcklin poseía un estricto rigor académico europeo. Sin embargo, su sensibilidad fue transformada por la contemplación de las ruinas y la luz de los paisajes italianos. De esa mezcla entre precisión formal y melancolía mediterránea surgió esa escena donde el agua está tan estancada que parece de cristal; no hay viento, no hay oleaje, no hay tiempo.

Una pequeña barca se aproxima a una imponente estructura rocosa, dominada en su centro por cipreses oscuros que arañan el cielo verticalmente. En la embarcación, una figura erguida y completamente vestida de blanco custodia lo que parece ser un féretro.

Si Füssli pintó la opresión del cuerpo que sufre, Böcklin pintó el espacio del misticismo y la ausencia. Aquí el inconsciente no adopta la forma de un demonio, sino de un vacío solemne. Es la inmensidad del descanso, el silencio absoluto de una mente que ha dejado de luchar y se entrega al olvido.

La geografía del inconsciente

Al poner ambas obras frente a frente, se revela una verdad sobre la condición humana. A pesar de los cien años que separan a ambos pintores, las dos imágenes funcionan como las caras de una misma moneda psicológica. El viaje hacia el interior no es lineal ni plano. El inconsciente posee una geografía universal que se activa en el mismo instante en que decidimos ignorar la realidad de la calle.

Füssli retrató la mente atrapada en la turbulencia de la noche viva; Böcklin retrató el retorno al equilibrio cuando el laberinto se apaga.

En estas dos obras ambos pintores demuestran que, cuando se apagan las luces de la razón, quedan dos caminos: enfrentarse al peso de los propios monstruos o embarcarse hacia el silencio de una isla.

Bibliografía

The Nightmare: Folklore, Language and Nocturnal Terrors in Romantic Art. Ensayo histórico de divulgación sobre el folclore germánico y anglosajón del término Nightmare. Disponible en acceso abierto a través de las colecciones digitalizadas de Internet Archive (archive.org).

Arnold Böcklin and the Imagery of Melancholy: The Isle of the Dead. Ensayo crítico y cronológico sobre las proyecciones mentales en el movimiento simbolista. Departamento de Historia del Arte, The Metropolitan Museum of Art (MET), Nueva York. Disponible en línea a través de Heilbrunn Timeline of Art History (metmuseum.org).


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