Homenavio a Fernando Pessoa
Fernando Pessoa es uno de mis poetas preferidos y muchos de sus versos resuenan en mí desde que los leí por primera vez. Con el fin de dedicarle un modesto homenaje a quien tanto me ha hecho vibrar con su poesía, e inspirado para aventurarme en la mía, me he tomado la libertad de seleccionar fragmentos de distintos poemas suyos y combinarlos, modificando levemente en algunos casos la redacción o quitando algunos términos al subjetivo conjunto que seleccioné. De este modo corro el riesgo de tranformar lo que pretende ser un homenaje en un agravio, de ahí el término Homenavio (absolutamente inventado). Pero, en fin, como ustedes saben, el camino al infierno está sembrado de buenas intenciones.
Espero que Fernando Pessoa, sus distintos heterónimos y también ustedes sepan perdonarlo si el resultado les resulta inconsistente. Pero para comenzar, un poema de Pessoa que da nombre a esta publicación.

Autopsicografía
El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
que hasta finge que es dolor
el dolor que de veras siente.
Y quienes leen lo que escribe,
sienten, en el dolor leído,
no los dos que el poeta vive
sino aquél que no han tenido.
Y así va por su camino,
distrayendo a la razón,
ese tren sin real destino
que se llama corazón.
(Del ortónimo Fernando Pessoa)
Homenavio a Fernando Pessoa
El tiempo que yo he soñado
¡cuántos años fue de vida!
¡ Ah, cuánto de mi pasado
fue sólo vida mentida
de un futuro imaginado!
Yo soy el muerto futuro.
Y me ata a mí un sueño muerto
sueño atrasado y oscuro
de lo que debo ser: muro
del jardín mío desierto.
Aquí, al borde de la playa, mudo y contento del mar,
sin nada atrayente ni nada que desear,
soñaré, tendré mi día, la vida remataré
y nunca tendré agonía, pues pronto me dormiré.
La vida es como una sombra que transita sobre un río
o como un paso en la alfombra de un cuarto que está vacío.
A la orilla de este río,
o cualquier río que sea,
va pasando el tiempo mío.
Nada me ata, me espolea
ni me da calor o frío.
Lo que hace el río voy viendo
cuando el río no hace nada.
Los rastros que va trayendo
veo, en secuencia arrastrada,
de lo que atrás queda siendo.
Voy viendo y voy meditando
y no en el río que fluye,
sino en lo que estoy pensando,
pues me hace bien porque huye
sin que lo vea pasando.
Acepto las dificultades de la vida porque son el destino,
lo mismo que acepto el frío excesivo en pleno invierno:
tranquilamente, sin quejarme, como quien meramente acepta,
y se alegra por el hecho de aceptar:
por el hecho sublimemente científico y difícil de aceptar lo natural e inevitable.
¿Qué son para mí las enfermedades que sufro y el mal que me sucede
sino el invierno de mi persona y de mi vida?
He nacido sujeto como los demás a errores y defectos,
pero nunca al error de querer comprender demasiado,
nunca al error de querer comprender sólo con la inteligencia,
nunca al defecto de exigir del Mundo
que fuese algo que no fuese el Mundo.
Vi que no hay Naturaleza,
que la Naturaleza no existe,
que hay montes, valles, llanos,
que hay árboles, flores, hierbas,
que hay ríos y piedras,
pero que no hay un todo al que esto pertenezca,
que un conjunto real y verdadero
es una enfermedad de nuestros días.
El ave pasa y olvida, y así es como debe ser.
El recuerdo es una traición a la Naturaleza,
porque la Naturaleza de ayer no es Naturaleza.
Lo que ha sido no es nada, y recordar es no ver.
¡Pasa, ave, pasa, y enséñame a pasar!
Lo único que mi reloj simboliza o significa,
mientras llena con su pequenez la noche enorme,
es la curiosa sensación de llenar la noche enorme
con esa pequeñez…
¿Símbolos? Estoy harto de símbolos…
Pero me dicen que todo es símbolo.
Todos me dicen nada.
¿Qué símbolos? Sueños.
Tengo la inconsciencia profunda de todas las cosas naturales,
pues, por mucha conciencia que tenga, todo es inconsciencia,
excepto el haber creado todo, y también crearlo todo es inconsciencia,
porque es necesario existir para crearlo todo,
y existir es ser inconsciente, pues existir es ser la posibilidad de ser,
y la posibilidad de ser es más grande que todos los dioses.
Los dioses no tienen cuerpo y alma.
Sino sólo cuerpo, y son perfectos.
Sus cuerpos son sus almas
y tienen la conciencia en la propia carne divina.
Señor, serenas son
todas las horas
que derrochamos.
No hay tristezas
ni alegrías
en nuestra vida.
Déjanos aprender,
irreflexivamente sabios,
a no vivirla,
sino a dejarla flotar,
tranquila, serena,
permitiendo que los niños
sean nuestros profesores
y que nuestros ojos sean
colmados por la Naturaleza.
El tiempo pasa, no nos dice nada.
Crecemos envejecidos.
Nos observaras partir,
déjanos marchar de la vida
tranquilos,
sin abrigar
siquiera el remordimiento
de haber vivido.

Fernando Pessoa y los Heterónimos
Una de las características más distintivas de la obra de Pessoa fue su uso de heterónimos: personalidades literarias creadas por un autor para escribir en su nombre, cada una con un estilo y voz distintivos.
Pessoa creó varios heterónimos a lo largo de su vida, cada uno con una biografía, estilo de escritura y visión del mundo únicos. Algunos de los más conocidos son:
- Álvaro de Campos: Un ingeniero naval, Álvaro de Campos escribía poemas de tono futurista y con una visión cosmopolita y a menudo nihilista del mundo.
- Ricardo Reis: Caracterizado como un médico y latinista, Reis escribía en un estilo clásico y reflexivo, influenciado por la filosofía estoica.
- Alberto Caeiro: Un campesino autodidacta, Caeiro escribía poesía bucólica y de naturaleza, con una perspectiva panteísta y sensaciones directas.
- Bernardo Soares: Considerado un semi-heterónimo, Soares es el autor del «Libro del desasosiego», una obra de prosa fragmentaria que reflexiona sobre la existencia y la melancolía urbana.
Estos heterónimos no solo escribieron en diferentes estilos, sino que a menudo mantenían correspondencia entre ellos, debatiendo ideas y conceptos literarios. La obra de Pessoa, en su totalidad, ofrece una mirada multifacética a través de estas diferentes personalidades, explorando una variedad de temas desde diferentes perspectivas filosóficas y estilísticas.
Descubre más desde Esencias de Letras
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
Debe estar conectado para enviar un comentario.