El conocimiento crece cuando las disciplinas dialogan entre sí. Cada una ilumina un aspecto de la experiencia humana. Cuando dos de ellas se encuentran amplían nuestro horizonte. Aparecen preguntas nuevas, relaciones inesperadas y formas más profundas de comprendernos e interpretar el mundo.

Con ese fin comparto el artículo de la eutonista Leticia Aldax, quien propone un encuentro original y sugerente entre la eutonía y el arte. Su lectura invita a descubrir cómo grandes artistas, guiados por la sensibilidad y la intuición, supieron plasmar en el mármol, en el lienzo y en los gestos de sus personajes experiencias corporales que la eutonía ha sabido reconocer y desarrollar.

En este recorrido, el principio de conciencia de piel, formulado por Gerda Alexander, se convierte en una clave de lectura que abre nuevas resonancias en obras de distintas épocas. La piel aparece no solo como límite del cuerpo, sino como espacio de encuentro, de percepción, de regulación y de vínculo con el mundo. La mirada de Leticia Aldax muestra que el arte, además de contemplarse, se experimenta con el cuerpo.

Cuando distintas formas de conocimiento dialogan entre sí,  comprendemos mejor las obras; también ampliamos nuestra manera de pensar y descubrimos nuevas formas de habitar nuestra experiencia.


Arte y eutonía

PRINCIPIO DE CONCIENCIA DE PIEL EN EL ARTE

Por Leticia Aldax, Eutonista

La eutonía —como pedagogía de la autoobservación, el contacto consciente y la autorregulación— quizás pueda hallar en las obras de arte, vestigios de su esencia. A través de un recorrido visual, la propongo una experiencia estética de la eutonía o una mirada eutónica del arte descubriendo que los principios que Gerda Alexander formuló en el siglo XX latían, como intuiciones puras, en el lienzo y la piedra de la historia.

Esta propuesta está por fuera de los cánones tradicionales de la historia del arte o lo académico. Me sitúo como «disfrutadora», una aprendiz, a quien el contacto con algunas obras de arte genera gozo y auténtica emoción. El eje que me inspira es explorar el principio de Conciencia de piel que se revela en diferentes creaciones.

La piel del mármol, la piel que habito: Eros y Psique

«He llegado a la conclusión de que las cicatrices enseñan; las caricias, también.» Mario Benedetti, (2003), El porvenir de mi pasado.

Suavidad, delicadeza, sensualidad, que se sienten en la propia piel, emergen de la piedra pulida con sutileza y refinamiento, por Antonio Canova (1757-1822) en el grupo escultórico Psique reanimada por el beso del amor (1793).

Psique reanimada por el beso del amor o El beso (1793), de Antonio Canova
(1757-1822). Representa el mito de Eros y Psique, proveniente en las
tradiciones orales helenísticas e inmortalizado en Las Metamorfosis o El
Asno de Oro (Asinus Aureus) de Apuleyo. Paris: Museo del Louvre.

Este escultor pulía el mármol durante semanas con piedra volcánica, sometía las esculturas a baños de cal y ácido, y finalmente las enceraba para obtener un aspecto aterciopelado, logrando una textura translúcida, casi de porcelana o carne real.

Al contemplarla, transmite la sensación del tacto, el contacto y las caricias que cubren la piel de los amantes. Canova logra que el mármol frío devuelva la calidez y suavidad de un abrazo amoroso, un cuidado respetuoso. Además, consigue que la piedra inmóvil sea dinámica, insinuando el movimiento de los roces que desdibujan los límites individuales para crear una tercera superficie compartida.

La piel del observador puede experimentar el registro de una contención pacífica, un toque que apacigua y da límite al cuerpo físico actuando como frontera, sostén y a la vez, vincularidad.

La magnificencia de este artista habilita la entrada a la dimensión de la regulación del tono a través de la cobertura dérmica. La percepción del toque delicado, aun sin contacto físico evoca la experiencia táctil objetiva y se desencadenan mecanismos de autorregulación.

Esta regulación encarna perfectamente en el mito que la obra representa: Psique (el alma) despierta de un sueño infernal provocado por un vapor narcótico del Inframundo gracias al beso de Eros (el impulso vital). Como ocurre en el proceso en eutonía, la joven ha transitado un largo camino de transformación y aprendizaje cumpliendo las cuatro tareas impuestas por la diosa Afrodita (Venus); finalmente Zeus le concede la inmortalidad y da el beneplácito para la boda, celebrada con un gran banquete en el Olimpo.

Es quizás una de las más bellas historias de amor de la mitología: une a Psique, que simboliza el alma humana, con Eros que representa el impulso vital, el deseo y la pasión del amor. Su enlace sugiere que el alma humana necesita del amor para encontrar su sentido más alto.

Portal al paisaje interior: Desvísteme

La piel es frontera que protege y manto que comunica. En la pintura Desvísteme (1990) de Samy Charnine (nacido en 1967 en Niza, Francia), la piel se muestra no como muro infranqueable sino como membrana permeable que puede abrirse. Por los resquicios de la apertura deja descubrir un paisaje interior. No una anatomía sangrienta sino un lugar para habitar. Los tonos claros y sutiles del «adentro» contrastan con el tono ocre oscuro del «afuera»; ofrecen una invitación a atreverse a sumergirse en la intimidad.

Desvísteme (1990) de Samy Charnine. Este artista contemporánea
surrealista adpta un estilo cercano a René Magritte.

Este juego surrealista, influenciado por el psicoanálisis freudiano —donde «abrir un cierre» simboliza el acceso al inconsciente—, se transforma desde la eutonía en metáfora del tacto consciente: a través de la piel se estrena la posibilidad de adentrarse en rincones íntimos. Allí nos confrontamos con la soledad, el silencio, la fragilidad y también las fortalezas. El desafío de encontrarse auténticamente con uno mismo.

En una interpretación personal, el cierre ubicado sobre el eje de la columna vertebral me evoca el nexo biológico entre el sistema nervioso y la epidermis plasmando en la imagen el acceso directo a la regulación profunda que ocurre mediante el tacto consciente.

La presencia de otro liberando lo encerrado (insinuado con la mano que mueve el cierre) añade una carga de erotismo, fragilidad y confianza. En clave eutónica, es desarrollar el contacto consciente con otros seres por medio de la piel y traspasar su límite.

Las manos, ventanas al mundo: Alegoría del tacto

Jusepe de Ribera capta magistralmente la percepción háptica en su Alegoría del tacto. Sentado ante una mesa de madera, un hombre ciego explora con sus manos una cabeza tallada, mientras a su lado descansa una pintura que pasa inadvertida. Esta escena es el concepto vivo de la háptica: el tacto activo que proporciona información acerca de los objetos combinando el componente táctil y el cinestésico (movimiento y peso).

Alegoría del tacto (c. 1615-16) de Jusepe de Ribera (1591-1652), Pasadena,
California, Estados Unidos: Norton Simon Museum.

Ribera, con su virtuosismo, empleó la pintura para crear efectos de textura y peso. Desde lo visual, la obra apela al sentido del tacto e invita al espectador que se detiene en la observación a presagiar los contornos suaves de la escultura bajo la yema de sus propios dedos, activando la memoria de texturas, formas y relieves que guarda nuestra piel.

Mármol que palpita, lienzos que descorren portales en la espalda y manos ciegas que ven el mundo. El arte no queda solo en la mirada. El arte se vive en el cuerpo. Es aquí donde resuena el eco de la eutonía: su camino se insinúa recorrido o intuido por los artistas… aquellos que nos susurran con sus creaciones la necesidad de volver a habitar la frontera de nuestra piel, recobrar la caricia que regula y recordar que el cuerpo es esa obra sagrada donde la vida se despliega.

Leticia Aldax


El cuerpo de la escritura

Uno de los mayores méritos del artículo de Leticia Aldax es que no se limita a establecer una relación entre la eutonía y el arte. Propone una forma de mirar. Al descubrir en esculturas y pinturas experiencias corporales que hoy la eutonía reconoce y desarrolla, nos invita a pensar que las distintas disciplinas no viven aisladas: dialogan, se enriquecen y, a veces, llegan a encontrarse allí donde menos lo esperamos.

Esa mirada me despierta una pregunta. Si una escultura puede transmitir la delicadeza de una caricia, si una pintura puede convertirse en un umbral hacia la propia interioridad o si unas manos pintadas pueden hacernos experimentar el conocimiento a través del tacto, ¿podría la literatura ofrecer una experiencia semejante? ¿Podría un poema, un cuento o una novela dialogar con la eutonía y revelar nuevas dimensiones de la conciencia corporal?

No se trataría de aplicar la eutonía a la literatura como si fuera un método de análisis, sino de dejar que ambas conversen. Los grandes escritores han sabido expresar, mediante las palabras, experiencias de presencia, contacto, tensión, descanso, silencio, respiración y percepción que forman parte de nuestra vida corporal.

El recorrido que Leticia Aldax realiza por la escultura y la pintura abre la pregunta: ¿qué otras experiencias estéticas podrían iluminarse desde esta misma perspectiva? La literatura, con su extraordinaria capacidad para dar cuerpo a la percepción, la memoria, el contacto y la presencia, me parece un territorio especialmente fértil para continuar ese diálogo

Toda disciplina ilumina un aspecto de la experiencia humana. Cuando dos de ellas se encuentran, amplían el horizonte de lo visible. Allí reside el verdadero valor de estos diálogos: no en encontrar respuestas, sino en descubrir preguntas.

R.G.V


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