Mucho antes de las guitarras que hoy conocemos existieron distintos instrumentos de cuerda pulsada. Entre ellos, algunos de sus antecesores más lejanos, como el laúd, difundido por Europa y el mundo árabe, y la vihuela, muy popular en la España del Renacimiento.

La vihuela tenía una forma semejante a la guitarra moderna y contaba en general con seis pares de cuerdas. Su capacidad para hacer sonar varias voces al mismo tiempo permitió interpretar en ella obras polifónicas, tanto en las cortes como en ámbitos domésticos.

Durante el siglo XVII comenzó a imponerse en España una guitarra de cinco pares de cuerdas. El instrumento fue adquiriendo identidad propia y ampliando sus posibilidades: podía acompañar canciones y danzas, pero también desarrollar melodías y elaboraciones musicales más complejas.

Durante el siglo XIX hubo transformaciones decisivas. Los constructores modificaron las proporciones del instrumento y buscaron una mayor potencia y riqueza sonora. Antonio de Torres fue una figura fundamental en este proceso y estableció muchas de las características de la guitarra clásica actual.

Durante el siglo XX la guitarra encontró nuevos territorios. La guitarra clásica desarrolló un amplio repertorio; el flamenco construyó con ella un lenguaje propio; en América Latina se integró en numerosas tradiciones musicales; y las guitarras acústicas y eléctricas adquirieron un papel central en el jazz, el blues, el rock y otras músicas populares.

La guitarra podía acompañar una voz o convertirse en protagonista. Podía construir armonías, desarrollar melodías, marcar ritmos, establecer contrapuntos o utilizar la propia madera como elemento percusivo. Podía sonar en una habitación, en una reunión, en un tablao flamenco, en un club de jazz o frente a miles de personas.

Detrás de todas esas posibilidades hay una relación directa entre el gesto corporal y el sonido. Quien toca puede pulsar, rasguear, apagar, deslizar, presionar o golpear las cuerdas con los dedos. Puede modificar la intensidad, el timbre, el ataque y la duración del sonido.

Además, el instrumento se apoya sobre el cuerpo. Se siente la vibración de las cuerdas y de la caja de resonancia mientras se produce el sonido. Se crea así un circuito continuo entre cuerpo, gesto, cuerda, vibración y oído.

Escuchar distintas guitarras es por eso apreciar distintas maneras de habitar el instrumento.

Julian Lage — Nocturne

Julian Lage nació en California en 1988 y comenzó a tocar la guitarra desde muy pequeño. Con el tiempo desarrolló una trayectoria internacional y se convirtió en uno de los guitarristas más reconocidos del jazz contemporáneo. Su manera de tocar se caracteriza por la claridad del sonido y por una gran libertad expresiva.

En Nocturne, interpretado en vivo en Manchester, Lage trabaja con una notable economía de recursos. Deja espacio entre las notas, modifica sutilmente la intensidad y permite que cada frase se desarrolle con naturalidad. La técnica está presente, pero nunca se impone sobre la música.

La guitarra aparece aquí en una de sus formas más íntimas: una melodía que parece surgir directamente de las manos del intérprete.

J. S. Bach — Brandenburg Concerto No. 3, BWV 1048 — Edson Lopes

El tercer Concierto de Brandeburgo, compuesto por Johann Sebastian Bach, es una de las grandes obras del período barroco. Originalmente escrito para un conjunto de cuerdas. Edson Lopes lleva esta arquitectura a la guitarra y demuestra hasta qué punto el instrumento puede asumir la complejidad del contrapunto y conservar su carácter íntimo.

En esta versión, la guitarra parece multiplicarse. Una voz responde a otra, una frase continúa donde otra termina y el ritmo mantiene todo en movimiento.

Erik Satie / Gymnopedie N 1

Erik Satie compuso las Gymnopédies para piano a fines del siglo XIX. La primera se convirtió con el tiempo en una de sus obras más conocidas. Escucharla en una guitarra supone trasladar una música concebida para otro instrumento a un espacio sonoro diferente.

El timbre de las cuerdas modifica naturalmente la obra. Las notas se enlazan y las distintas voces adquieren una particular transparencia. La melodía conserva su sencillez, pero la guitarra le proporciona otra textura.

Nick Drake — River Man

Nick Drake ocupa un lugar singular en la historia de la canción popular. Durante su breve carrera desarrolló una música de gran sutileza, en la que la guitarra tenía un papel central. River Man, incluida en Five Leaves Left, de 1969, es una de sus canciones más conocidas.

Aquí una versión instrumental de Luke Cyrus Goetze en una guitarra de regazo.

Peter Autschbach & Torsten Goods — Mimosa

Peter Autschbach es un guitarrista alemán vinculado al jazz y a la guitarra acústica. Torsten Goods, también alemán, es guitarrista, cantante y compositor de jazz. En Mimosa los dos músicos trabajan sobre una misma pieza y dejan que sus instrumentos dialoguen permanentemente.

Las frases pasan de una guitarra a la otra; una responde a la otra, mientras el ritmo mantiene el movimiento de la pieza.

Joscho Stephan & Nadia Kossinskaja — Milonga del Ayer

Joscho Stephan es uno de los principales intérpretes actuales de la guitarra manouche, tradición vinculada al jazz gitano y a la figura de Django Reinhardt. Nadia Kossinskaja, guitarrista ucraniana, comparte con él esta interpretación de Milonga del Ayer.

La milonga aporta aquí un ritmo y un fraseo propios, mientras la guitarra manouche introduce su particular lenguaje melódico y rítmico. Las dos tradiciones se encuentran sin que ninguna pierda su identidad.

Yamandú Costa & Hermanos Saboya — Peregrino

Yamandú Costa es un guitarrista brasileño de trayectoria internacional, reconocido por su dominio de la guitarra de siete cuerdas y por su particular manera de combinar melodía, armonía y ritmo. En Peregrino comparte la interpretación con los Hermanos Saboya.

Aquí las notas se suceden con rapidez, los ritmos se entrelazan y la melodía avanza con energía. La guitarra de siete cuerdas permite ampliar el registro y ofrece nuevas posibilidades para combinar las distintas voces del instrumento.

Tommy Emmanuel — Sultans of Swing

Tommy Emmanuel es uno de los grandes intérpretes internacionales de la guitarra acústica. Su técnica le permite reunir en un mismo instrumento melodía, armonía, ritmo y percusión. En esta versión de Sultans of Swing, de Dire Straits, comparte el escenario con Pedro Javier González y otros músicos.

La canción de Mark Knopfler adquiere aquí otra dimensión. Las guitarras dialogan, se alternan y se encuentran en distintos momentos de la interpretación. Cada músico conserva su propio lenguaje dentro de una misma pieza.


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