Durante mucho tiempo, conversar implicó para mí encontrarme con alguien: otra historia, otra sensibilidad, otra manera de comprender el mundo. La posibilidad de dialogar con una inteligencia artificial me llevó a revisar algo que hasta entonces había dado por sentado.

Frente a una pantalla, empecé a prestar atención a mis propias palabras, a lo que esperaba de cada respuesta y al rumbo que tomaban mis ideas mientras escribía. La conversación misma se había convertido en un motivo de reflexión.

Mi curiosidad como psicólogo me llevó a detenerme en esa experiencia. Quise examinarla con el cuidado que merece algo que empieza a formar parte de nuestra vida cotidiana y que todavía estamos aprendiendo a utilizar y comprender.

Hoy quiero compartir con ustedes el resultado de esa búsqueda: un nuevo libro y algunas de las preguntas que me impulsaron a escribirlo.


Al escribir mi primer libro relacionado con la inteligencia artificial (Reflexiones con una IA. Once diálogos silenciosos hacia la presencia), exploré esa posibilidad de diálogo a través de conversaciones sobre el pensamiento, las emociones, el lenguaje, la conciencia y otros temas. Podía retomar una pregunta, discutir una respuesta y seguir explorando. ¿Qué ocurría en mí durante ese intercambio? ¿Cómo se construía esa experiencia de diálogo?

De esa inquietud nació mi nuevo libro, Cómo pensamos en diálogo con la inteligencia artificial. Procesos psicológicos en la interacción humano–IA.

El libro está terminado y estoy gestionando su publicación. Quienes ya estén interesados en leerlo, cosa que sinceramente me encantaría, pueden escribirme personalmente, por WhatsApp o a rgvecchio@gmail.com.

En el libro anterior, el diálogo con la IA fue tomando forma a partir de mis preguntas e inquietudes. Al analizar esa experiencia, quise comprender qué ponemos en juego cuando conversamos con una IA: qué esperamos de sus respuestas, cómo les atribuimos sentido, por qué podemos llegar a sentirnos comprendidos y de qué manera esos intercambios intervienen en nuestro pensamiento.

Me interesó especialmente la relación entre la capacidad de un sistema para sostener una conversación y la experiencia de quien conversa con él. La fluidez de las respuestas me enfrentó a preguntas difíciles de eludir. ¿Qué significa sentirnos escuchados? ¿Cuándo una respuesta nos ayuda a comprender algo y cuándo nos deja satisfechos antes de haberlo comprendido? ¿Cómo conservar la dirección de nuestro pensamiento en un intercambio que ofrece respuestas de manera casi inmediata?

Para explorar estas cuestiones reuní aportes de la psicología, la educación y la reflexión sobre la tecnología. Busqué escribir un libro de divulgación científica y reflexión, que pudiera interesar tanto a quienes trabajan en esos campos como a quienes simplemente quieren comprender mejor lo que les sucede al utilizar una IA. Espero también que estimule a reflexionar tanto a los fanáticos de la tecnología como a sus detractores.

Organicé el libro en cinco capítulos. En el primero exploro el diálogo con la IA como práctica introspectiva. Me detengo en lo que hacemos al poner en palabras una inquietud, releer una respuesta y volver sobre nuestras ideas. Examino las posibilidades de ese ejercicio y las condiciones que requiere una elaboración propia: tiempo, preguntas, resistencia y disposición a revisar lo que pensamos.

En el segundo abordo lo que llamo una “interlocución sin sujeto”. Allí desarrollo la inquietud que dio origen al libro: cómo vivimos una experiencia de interlocución ante un sistema que produce lenguaje sin que esa producción permita atribuirle una vida subjetiva comparable a la nuestra. Introduzco también la noción de pseudoelaboración: la sensación de haber avanzado en la comprensión de algo sin haber elaborado personalmente lo que recibimos.

En el tercero me concentro en nuestra experiencia subjetiva durante el diálogo. Exploro la sensación de ser escuchado, el alivio que muchas personas encuentran en algunas respuestas, la confianza y el acompañamiento que genera la IA. Me interesa comprender qué lugar ocupa en nuestra vida un interlocutor al que podemos volver a cualquier hora y que parece siempre dispuesto a continuar.

En el cuarto examino las consecuencias clínicas y educativas. Considero el uso de la IA para buscar apoyo emocional y el lugar que para algunos puede llegar a ocupar frente a sus dificultades. En el terreno educativo, me pregunto en qué condiciones nos ayuda a aprender y qué ocurre cuando delegamos operaciones que necesitamos ejercitar para comprender.

En el quinto reúno los alcances, los límites y las preguntas abiertas. Vuelvo sobre una distinción que atraviesa todo el libro: la coherencia de una respuesta y la impresión de que tiene sentido no bastan para establecer su validez. Desarrollo, además, la idea de soberanía del pensamiento: nuestra capacidad de orientar el intercambio, evaluar lo que recibimos y decidir qué hacemos con ello.

Al escribir este libro quise examinar tanto las posibilidades de estas conversaciones como las dificultades que introducen. Me parece necesario que podamos aprovecharlas conservando nuestro criterio, nuestros tiempos y nuestra responsabilidad sobre lo que pensamos.

La inquietud que me acompañó desde aquellos primeros diálogos con la IA sigue abierta. Hoy puedo formularla con mayor precisión: ¿cómo se transforma nuestra manera de pensar cuando incorporamos a ella la conversación con una inteligencia artificial?

Mi libro anterior, Reflexiones con una IA. Once diálogos silenciosos hacia la presencia, está disponible para su descarga gratuita en Zenodo.


Descubre más desde Esencias de Letras

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.