Sinónimo de la brevedad, el haiku es un género lírico de origen japonés que podría definirse como una pequeña cápsula cargada de poesía capaz de hacer saltar la realidad aparente, basada generalmente en el asombro y la emoción que produce en el poeta la contemplación ante la realidad.
El haiku es una forma poética que se relaciona profundamente con el concepto de ‘intemperie’, tanto en un sentido físico (caminos, naturaleza, suburbios) como moral y social.
En intemperie ocurre “todo”. O al menos todo lo que el poeta estima ser “vida”. Así les sucede de modo radical a los hombres del haiku.
Intemperie, antes que nada, es la de alguien que se mueve sin descanso en el espacio, la de quien sabe que camina, la del que hace tema de su opción caminante, la de alguien que entiende que marchar es errar.
También, es intemperie la de aquellos que renuncian a morar en el centro, prefiriendo situarse tranquilos en el margen .
Comencemos con un haiku:
Nadie que vaya
por este camino.
Crepúsculo de otoño.
Matsuo Basho
Matsuo Basho, es uno de los haijin (escritores de haikus) más importantes de la historia de Japón. Basho fue también el primer poeta en adoptar lo que se denomina haiga, una pintura sin demasiada perfección que acompaña al haiku, y hoy domina en las grandes esferas de este género.
Roland Barthes, al regresar de Japón, escribió en su libro El imperio de los signosː «el haiku reproduce el gesto indicativo del niño que muestra con el dedo alguna cosa, diciendo tan solo: ¡esto!, ¡mirá allá!, ¡oh!, ¡ah!».
Para Reginald Horace Blyth, un escritor inglés que fue devoto de la cultura japonesa, el haiku es «la poesía de la sensación», que no pretende oscurecer algo con las palabras, sino iluminarlo.
Anoche cubrí
mis hijos dormidos
y el ruido del mar.
Watanabe Hakusen
Significado
El haiku por lo general entraña un sentimiento de admiración o fascinación del poeta respecto a la contemplación de la naturaleza, en especial si ello tiene que ver con el tiempo y el paso de las estaciones. También es común que refiera a la cotidianeidad de la gente.
Su estilo suele ser sencillo, natural, sutil y austero, ofreciendo la mirada del poeta a partir de los detalles y de lo sensible, lo más alejado posible de los conceptos abstractos. Se aspira a que el ego del poeta o haijin se haga a un lado y ceda paso a la contemplación pura, al llamado aware.
Esta primavera en mi cabaña
Absolutamente nada
Absolutamente todo
Yamagushi Sodo
Estructura
Consiste en un poema breve de diecisiete sílabas, escrito en tres versos de cinco, siete y cinco sílabas, respectivamente. Sin embargo, algunos estudiosos señalan una mayor variedad en el reparto de sílabas en el haiku clásico y moderno japonés.
Desde un punto de vista formal, el haiku se divide en dos partes. Una da la condición general y la ubicación temporal y espacial del poema (otoño o primavera, un ruiseñor, etc.); la otra, relampagueante, debe contener un elemento activo. Una es descriptiva y casi enunciativa; la otra, inesperada. La percepción poética surge del choque entre ambas partes.
Primavera en el hogar.
No hay nada
y sin embargo hay de todo
Masaoka Shiki
Orígenes
El haiku tiene sus raíces en el tanka, una forma poética japonesa más larga. Durante el período Edo (1603-1868), esta estructura evolucionó, y poetas como Matsuo Bashō perfeccionaron el arte del haiku.
El haiku tradicional incluye un kigo, o palabra estacional, que alude al tiempo del año, y un kireji, una pausa que aporta énfasis o contraste dentro del poema. Estas características reflejan la importancia de la naturaleza y el ritmo en la poesía japonesa.
Sobre la montaña florida
Sueltan los caballos
En el cielo otoñal
Natsume Soseki
Relación con el budismo zen
El haiku ganó popularidad en el mundo occidental gracias al budismo zen, que adoptó esta forma poética como medio para transmitir su filosofía. El zen, una rama del budismo mahayana, toma su nombre de la palabra japonesa zenna, derivada del término chino que significa «meditación».
Sin embargo, los orígenes del haiku y el zen no son los mismos. En textos clásicos como el Man’yōshū del siglo VIII, ya se encuentran poemas que destacan la naturaleza como tema central, no como una excusa para expresar emociones humanas. Estos primeros poemas muestran cómo los japoneses usaban la poesía para capturar el asombro y la pureza que la naturaleza les inspiraba, marcando un precedente para el haiku.
Para quienes quieran profundizar la relación entre haiku y zen les recomiendo el trabajo que incluyo a continuación.
Bajo la lluvia de verano
El sendero
Desapareció
Yosa Buson
El haiku de despedida de la vida
La cultura japonesa es tal vez la única en la que ha arraigado y se ha extendido la costumbre de redactar, además de la última voluntad, un poema de despedida de la vida, que parece reflejar, más que ninguna otra cosa, el legado espiritual de los japoneses. Todos tienen su poema de despedida, que a veces componen poco antes de morir o mucho antes de que llegue el momento, con la conciencia de que ese es su jisei.
Mil pequeños peces blancos
Como si hirviera
El color del agua
Konishi Raizan
El haiku en lengua española
En España se interesaron por el género los más importantes poetas del siglo XX. Antonio Machado fue quien lo introdujo en lengua española al comienzos de siglo. Produjo una simbiosis entre la forma japonesa y las modalidades tradicionales de la poesía española. Durante la segunda mitad del siglo XX el género japonés se integró plenamente en los usos poéticos de la lengua española con una extensa nómina de autores. E incluso hay actualmente en Toledo una Escuela de Haikus creada en 2013 por el profesor Jaime Lorente.
Juan José Tablada, en México, fue el primer poeta de lengua española en componer un libro íntegro del género, integrando motivos japoneses con modernistas y americanos. Mientras que el premio Nobel Octavio Paz, ocupa para muchos el puesto de descubridor del haiku en el marco de la literatura en español, ya que tradujo Sendas de Oku, obra de Matsuo Basho. Publicada en 1957 en México, es considerada la primera traducción realizada a un idioma occidental.
Mas es en Perú, el país con mayor población de inmigrantes japoneses de Latinoamérica, donde el haiku ha tenido una presencia muy importante en la obra de numerosos poetas.
En Argentina cultivaron ocasionalmente el haiku Jorge Luir Borges (que en su libro La Cifra de 1981, incluyó 17 haikus), Alvaro Yunque con 100 haicais y un soneto (1966) y Javier Aduriz. Mientras que en Uruguay, el representante más reconocido es Mario Benedetti, que publicó en 1999 su Rincón de haikus.
Borges fue un gran admirador de la cultura japonesa, en particular hacia el final de su vida, cuando realizó un par de viajes al país. Del haiku admiró sobre todo dos características: la brevedad y el hecho de que en el haiku no hay metáfora sino sólo contemplación, contraste, la enunciación de un hecho pero sin el afán de querer convertirlo en otra cosa.
Descubre más desde Esencias de Letras
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.








Debe estar conectado para enviar un comentario.