Retomo hoy mi faceta de periodísta científico con un tema que me apasiona: el origen de la humanidad y los actuales indicios de que el surgimiento y desarrollo de la civilización es mucho más apasionante y complejo de lo que se pensaba hasta hace pocos años. Espero que lo disfruten.
En el sudeste de Turquía, un conjunto de sitios neolíticos conocido como Taş Tepeler pone en cuestión el origen de la civilización. Monumentos rituales anteriores a la agricultura, símbolos tallados en piedra hace más de once mil años y redes culturales complejas cuestionan la idea del progreso lineal.
Simbolismo versus economía
Las llamadas “Colinas de Piedra” no solo amplían el mapa arqueológico: reabren la pregunta sobre cuándo y cómo comenzamos a pensarnos como humanidad organizada. Comunidades de cazadores -recolectores fueron capaces de erigir espacios monumentales, compartir símbolos y sostener rituales colectivos miles de años antes de la escritura y las ciudades. El impulso hacia la organización social pudo haber nacido en el terreno de lo simbólico antes que en el de la economía. En esas piedras talladas no solo hay técnica y esfuerzo físico: hay intención compartida, memoria común y la huella de una conciencia colectiva en formación.

Göbekli Tepe, fechado hacia 9.600 a.C.
Taş Tepeler
En el sudeste de Turquía, en la provincia de Şanlıurfa, se extiende un conjunto arqueológico que está reescribiendo los orígenes de la civilización: Taş Tepeler, “Colinas de Piedra”. No se trata de un santuario aislado, sino de una red de asentamientos del Neolítico precerámico (aprox. 10.000–8.000 a.C.). Comparten arquitectura monumental, pilares en forma de “T” y una iconografía animal y antropomorfa de gran complejidad. Este horizonte cultural coincide con los inicios de la domesticación de plantas y animales en el Creciente Fértil, una amplia región del Cercano Oriente donde surgieron algunas de las primeras formas de agricultura, ganadería y vida sedentaria del mundo.
El sitio más conocido es Göbekli Tepe, fechado hacia 9.600 a.C., con recintos circulares monumentales y relieves de zorros, serpientes y aves tallados en pilares de varias toneladas. A pocos kilómetros se encuentra Karahan Tepe, tal vez ligeramente anterior, donde hay estructuras similares y esculturas en piedra de fuerte carga simbólica. Más adelante (ca. 8.400–8.100 a.C.), Nevalı Çori aportó evidencia de arquitectura ritual integrada en un asentamiento estable, junto con indicios tempranos de domesticación vegetal.

Karahan Tepe, sitio algo anterior a Göbekli Tepe
Otros sitios incluidos dentro del proyecto Taş Tepeler —como Sayburç, Sefer Tepe, Harbetsuvan Tepesi y Çakmaktepe— amplían el panorama y muestran que no se trata de un fenómeno aislado, sino de una tradición cultural regional que se desarrolló durante más de dos milenios. La cronología sugiere una evolución gradual desde centros predominantemente rituales hacia formas de vida más sedentarias y agrícolas.
Taş Tepeler plantea una pregunta decisiva: ¿fue la agricultura la que permitió el surgimiento de grandes centros ceremoniales, o estas concentraciones simbólicas y sociales fueron las que impulsaron la necesidad de organización, cooperación y finalmente domesticación? Las Colinas de Piedra parecen indicar que la dimensión simbólica y ritual pudo haber precedido — e incluso impulsado — la revolución agrícola.

Sefer Tepe, de entre 9.500 y 8.800 a.C.
Once mil años de dimensión simbólica
Si algo distingue a Taş Tepeler no es solo su antigüedad, sino su densidad simbólica. Los pilares en forma de “T” no son simples soportes arquitectónicos; muchos presentan brazos esculpidos en relieve, manos apoyadas sobre el vientre y cinturones tallados con precisión, lo que sugiere estilizadas figuras antropomorfas. Serpientes, zorros, jabalíes y aves rapaces aparecen reiteradamente, a veces en composiciones que parecen narrativas. En sitios como Göbekli Tepe o Karahan Tepe, la iconografía representa una cosmovisión donde lo humano y lo animal están integrados en un mismo campo simbólico.
Este universo de imágenes, tallado hace más de once mil años, sugiere que esas comunidades de cazadores-recolectores poseían sistemas de creencias complejos, memoria colectiva y probablemente rituales estructurados. En Sayburç, por ejemplo, se ha hallado un relieve con figuras humanas enfrentadas a animales, en una escena que parece indicar algo más que un simple motivo decorativo. La repetición de ciertos símbolos en distintos sitios indica que existía un lenguaje compartido a escala regional, una red cultural cohesionada por mitos, ceremonias y espacios sagrados.

Sayburç, aproximadamente hacia 9.000–8.700 a.C Figuras humanas y animales en interacción dinámica
Nuevas preguntas sobre el origen
Estos hallazgos sacuden la comprensión del origen de la civilización. Durante mucho tiempo se pensó que la agricultura fue el motor inicial: primero la domesticación, luego el sedentarismo y finalmente la religión organizada. Taş Tepeler invierte parcialmente esa secuencia, pues allí aparece monumentalidad y simbolismo antes de la agricultura plenamente establecida. Esto abre la posibilidad de que la necesidad de reunirse, ritualizar y construir espacios comunes haya sido un factor que impulsó formas más complejas de organización social.
Las Colinas de Piedra obligan a reconsiderar el nacimiento de la civilización, no solo como un fenómeno económico, sino también como un proceso simbólico. La pregunta no es cuándo comenzó la agricultura, sino cuándo comenzamos a pensarnos colectivamente, a grabar en la piedra una visión del mundo compartida. En ese gesto — anterior a las ciudades y los imperios — podría estar el verdadero inicio de lo humano.

Göbekli Tepe y otros sitios de Taş Tepeler ponen en duda los orígenes
El debate académico
Taş Tepeler ha abierto uno de los debates más intensos de la arqueología contemporánea. Durante décadas predominó un modelo relativamente lineal: la agricultura generó excedentes; los excedentes permitieron el sedentarismo; el sedentarismo hizo posible la complejidad social y, con ella, la religión organizada y la monumentalidad. Sin embargo, los hallazgos en Göbekli Tepe y Karahan Tepe muestran arquitectura monumental anterior a la agricultura plenamente establecida. Esto ha obligado a revisar la secuencia tradicional y a considerar que la cooperación ritual y la organización simbólica pudieron preceder — e incluso impulsar — la domesticación.
El debate no se limita a la cronología. También cuestiona cómo definimos “civilización”. ¿Debe implicar necesariamente escritura, urbanismo y jerarquías estatales? ¿O podemos reconocer formas complejas de organización social en comunidades de cazadores-recolectores capaces de coordinar la extracción, transporte y talla de bloques de varias toneladas? La evidencia de múltiples sitios interrelacionados dentro de Taş Tepeler sugiere redes culturales amplias, con códigos simbólicos compartidos y posiblemente calendarios rituales comunes.

Arqueólogos trabajando en Karahan Tepe
Otro aspecto que genera discusión es el de la visibilidad arqueológica. Si complejos monumentales de más de once mil años permanecieron enterrados hasta finales del siglo XX, ¿cuántas otras culturas pudieron desarrollarse y desaparecer sin dejar rastros fácilmente identificables?¿Hasta dónde llega la antigüedad de la civilizaciòn? La arqueología depende de lo que la tierra conserva, y la preservación es selectiva. Materiales perecederos, cambios climáticos o transformaciones geológicas pueden borrar capítulos enteros de la historia humana. Taş Tepeler no prueba la existencia de “civilizaciones perdidas”, pero recuerda que nuestro conocimiento del pasado es parcial y en constante revisión.
En definitiva, las Colinas de Piedra no solo amplían el mapa del Neolítico, sino el horizonte de nuestras preguntas. Los descubrimientos no ofrecen respuestas cerradas, invitan a repensar los orígenes de la civilización. El proceso evidentemente ha sido más complejo, menos lineal y quizá más antiguo de lo que imaginábamos. La piedra tallada hace milenios alienta la discusión sobre quiénes fuimos y cómo comenzamos a organizarnos como humanidad.

Göbekli Tepe, deliberadamente enterrada por razones aún no claras hacia el 8000 A.c. Antes de las excavaciones en 1995 el sitio era una colina artificial de unos 15 metros de altura y unos 300 metros de diámetro.
Referencias (open access)
Clare, L., Dietrich, O., Notroff, J., Sönmez, D., & Zarnkow, M. (2018). Göbekli Tepe, Southeastern Turkey: A preliminary report on the 2016–2017 excavations. Neo-Lithics, 1/18, 3–13.
Dietrich, O., Heun, M., Notroff, J., Schmidt, K., & Zarnkow, M. (2012). The role of cult and feasting in the emergence of Neolithic communities: New evidence from Göbekli Tepe, south-eastern Turkey. Antiquity Project Gallery, 86(333).
Schmidt, K. (2010). Göbekli Tepe – the Stone Age sanctuaries: New results of ongoing excavations with a special focus on sculptures and high reliefs. Documenta Praehistorica, 37, 239–256.
Watkins, T. (2010). New light on the Neolithic revolution in south-west Asia. Antiquity, 84(325), 621–634.
Descubre más desde Esencias de Letras
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
Debe estar conectado para enviar un comentario.