Nunca me han gustado la óperas, no tengo la sensibilidad adecuada para disfrutarlas. En cambio, siempre me han atraído las oberturas, y entre ellas, una en particular que es casi más conocida que la ópera a la que pertenece. Hoy comparto algunos datos sobre la misma y una versión que me agrada particularmente .
Al escuchar los primeros compases de esta obertura sorprende su energía. Un redoble de tambor abre la música como si anunciara un desfile. Poco a poco, la orquesta empieza a moverse, los temas se encadenan y aparece un mecanismo musical muy característico de su compositor: el famoso crescendo, donde la música repite una figura mientras aumenta progresivamente la intensidad hasta producir un efecto casi hipnótico.
Recientemente publiqué un post sobre el Bolero de Ravel, en el que se encuentran algunas características similares que tal vez expliquen por qué a mí me encantan estas dos obras.
Un redoble que anuncia la música
La obertura de La gazza ladra, que de ella se trata, posee una característica muy particular: comienza con redobles de caja militar. Este detalle era poco común en las oberturas de ópera de comienzos del siglo XIX.
Tras ese comienzo aparecen varios temas contrastantes que Rossini organiza con habilidad. La música alterna momentos elegantes y ligeros con otros de energía creciente. El resultado es una construcción sonora que parece acelerar lentamente hasta alcanzar un vértigo final.
Ese procedimiento —repetición, acumulación y expansión del sonido— es lo que los musicólogos llaman crescendo rossiniano. Más que un simple aumento de volumen, se trata de una técnica dramática que mantiene al oyente en un estado de expectativa permanente.
Una urraca en el origen
La ópera La gazza ladra (La urraca ladrona) fue compuesta por Gioachino Rossini, compositor italiano nacido en Pesaro el 29 de febrero de 1792, autor de 39 óperas. La que hoy nos ocupa fue estrenada el 31 de mayo de 1817 en el Teatro alla Scala de Milán. El libreto, escrito por Giovanni Gherardini, se basa en una obra teatral francesa titulada La pie voleuse que había tenido éxito en París a comienzos del siglo XIX.
El argumento pertenece al género de la ópera semiseria, un género italiano de principios del siglo XIX (aprox. 1800-1850) que mezcla elementos de la ópera bufa (comedia) y la ópera seria. La protagonista, Ninetta, es una joven sirvienta acusada de robar cubiertos de plata en la casa donde trabaja. El proceso judicial avanza hasta que se descubre la verdad: el verdadero “ladrón” es una urraca que ha estado robando objetos brillantes y escondiéndolos en su nido.
Esta historia melodramática se inspiró en un caso judicial real que había circulado en Francia a comienzos del siglo XIX. Como ocurría con frecuencia en el teatro de la época, un episodio aparentemente trivial podía transformarse en un drama moral sobre la justicia, el honor y la compasión.
El joven Rossini
Cuando compuso esta obra, Rossini tenía apenas veinticinco años y ya era una figura dominante de la ópera italiana. Había estrenado en pocos años Tancredi (1813), L’italiana in Algeri (1813) y el célebre Il barbiere di Siviglia (1816). Su capacidad de trabajo era legendaria: durante ciertos períodos de su carrera podía escribir varias óperas en un solo año.
La velocidad con la que componía se convirtió en parte de su leyenda. Una anécdota cuenta que, en la víspera del estreno de La gazza ladra, el empresario del teatro descubrió que la obertura todavía no estaba terminada. Para evitar cualquier demora, Rossini fue prácticamente “encerrado” en una habitación del teatro hasta que terminara la partitura.
Según la historia, el compositor escribía las páginas y las arrojaba por la ventana a los copistas, que las recogían y preparaban las partes para la orquesta. Quizá, como es habitual, la escena esté exagerada a través del tiempo, pero refleja algo cierto, que Rossini tenía fama de trabajar bajo presión con una mezcla de genialidad y despreocupación.

El hombre detrás de la música
La figura de Rossini está rodeada de historias pintorescas. Además de su extraordinario talento musical, tenía un sentido del humor muy particular y una relación relajada con el trabajo. Una de sus frases más citadas resume su carácter: “Denme la lista de la lavandería y la pondré en música.”
También era famosa su pasión por la gastronomía. En su vejez, después de retirarse de la ópera a los 37 años, se dedicó a organizar cenas legendarias en París, donde reunía a músicos, artistas y escritores. Varias recetas llevan hoy su nombre, entre ellas el célebre tournedos Rossini, preparado con foie gras y trufa.
Curiosamente, el compositor que dominó los escenarios europeos durante décadas pasó los últimos años de su vida componiendo pequeñas piezas para piano y música de salón, a las que llamó con ironía Péchés de vieillesse (“pecados de vejez”).
Una historia curiosa
La vida del compositor está llena de episodios pintorescos que ayudan a comprender su personalidad.
Una de las anécdotas más conocidas se refiere a su actitud frente al trabajo. Rossini tenía fama de ser perezoso, aunque en realidad trabajaba con enorme eficacia cuando era necesario. En una ocasión alguien le preguntó si alguna vez había llorado al caer una hoja de música al suelo. El compositor respondió: Sí, una vez… porque tuve que agacharme a recogerla.
Oberturas independizadas
Con el tiempo, muchas de las óperas de Rossini dejaron de representarse con la frecuencia que tuvieron en el siglo XIX. Sin embargo, varias de sus oberturas continuaron viviendo en los conciertos sinfónicos.
Esto ocurre con Guillermo Tell, La italiana en Argel y La gazza ladra. En este último caso, la obertura se convirtió en una pieza de concierto autónoma, interpretada regularmente por orquestas de todo el mundo. Incluso apareció en el famoso Concierto de Año Nuevo de Viena de 1991, dirigido por Claudio Abbado.

“Partitura orquestal histórica de la obertura de La gazza ladra de Rossini, que revela la distribución de los temas y el célebre crescendo que caracteriza la obra.”
Ecos de una urraca
Tal vez la obertura de La gazza ladra sigue atrayendo a los oyentes por su extraordinaria claridad. La música que construía Rossini parecía avanzar con naturalidad. Un ritmo que aparece, una melodía que se repite, un impulso que crece lentamente.
Rossini tomó una historia doméstica y la transformó en una arquitectura sonora llena de energía, humor y vitalidad. Pasados los dos siglos de su estreno, sigue vibrando con el mismo impulso desde el redoble de tambor inicial. Y mientras la orquesta avanza, uno comprende que las páginas musicales terminan viviendo su propia vida en el interior de quienes las escuchan.
Fuentes y bibliografía
The bel canto operas of Rossini, Donizzetti and Bellini
La gazza ladra (Rossini) Wikipedia
The new Penguin Opera Guide– opera reference dited by Amanda Holden
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