Cuando intento rescatar mi experiencia auditiva en el ámbito del rock nacional a lo largo de los años, tres nombres me aparecen como pilares. Trataré de ponerlos en palabras y sonidos con algunos videos memorables en este post.

Introducción

A veces uno no escucha solo canciones, cuando se trata del medio en que vive, sino algo más difícil de nombrar, como si en ciertos momentos la música se volviera además de una experiencia sonora una forma de entender lo que nos pasa.

En el rock argentino hay tres nombres que aparecen una y otra vez cuando intento acercarme a esa vivencia: Luis Alberto Spinetta (1950–2012), Charly García (1951) y Gustavo Cerati (1959–2014). No se trata de una lista ni de un podio, para mí son tres modos distintos de abrir una misma puerta. En estos tres rockeros algo se desplaza en direcciones diferentes y sin embargo proviene de un sitio similar.


Spinetta

El lenguaje como revelación

Luis Alberto Spinetta nació en Buenos Aires en 1950, y parece haber desconfiado siempre de la palabra, como si hubiera intuido que el lenguaje dice menos de lo que puede. El Flaco lo trabajaba, lo rodeaba, lo empujaba, hasta que en sus canciones las palabras respiraban distinto.

Su recorrido comenzó con Almendra a fines de los años 60, una de las formaciones fundacionales del rock argentino, y continuó con proyectos como Pescado Rabioso, Invisible y Spinetta Jade, además de una extensa carrera solista en la que nunca detuvo su búsqueda.

Su perfil artístico se aleja de lo habitual en el rock; en su obra hay una fuerte impronta poética, influencias del surrealismo, del jazz, de la filosofía, y una sensibilidad que buscaba transformar la realidad. Canciones como Muchacha (ojos de papel) o Cantata de puentes amarillos no parecen haber sido pensadas sino descubiertas.

Queda en el recuerdo la imagen de aquel concierto, Spinetta y las Bandas Eternas, donde reunió todas sus etapas, no como una retrospectiva sino como la evidencia de una misma vibración que atravesaba todo. El lenguaje, cuando encontraba su cauce en Spinetta, dejaba de fragmentarse.


García

La ruptura como forma de verdad

Un año después de Spinetta, en 1951, nació en Buenos Aires Carlos Alberto García, Charly García, y con él apareció otra relación con la música, más inquieta, más expuesta.

Si en Spinetta hubo una búsqueda por afinar el lenguaje, en García surgió una necesidad de romperlo, no porque no creyera en él, sino porque intuía que es preciso atravesar el límite.

Su trayectoria comenzó con Sui Generis en los años 70, siguió con La Máquina de Hacer Pájaros y alcanzó una de sus cumbres con Serú Girán, para luego desplegar una de las carreras solistas más influyentes del rock en español.

Su perfil artístico combina formación clásica, experimentación, ironía y una lucidez muy particular frente al contexto social; durante la dictadura militar, sus canciones lograron decir lo indecible, como en Los dinosaurios, donde lo innombrable se vuelve presencia.

Esa tensión no se limitó a su obra, atraviesa también su vida, a veces de manera extrema, como en aquel salto desde un noveno piso a una pileta el 3 de marzo del año 2000. Un gesto que fue leído como exceso o provocación, pero que también expresa una forma de coherencia: vivir como se crea, sin red, atravesando el límite.


Cerati

El sonido como espacio

Unos años después, en 1959 nació Gustavo Cerati, y con él la música de rock nacional volvió a desplazarse, como si el eje ya no estuviera en la palabra ni en su ruptura.

Con Soda Stereo, formada en 1982, Cerati fue protagonista de un fenómeno inédito: la expansión del rock argentino hacia toda América Latina, con un alcance masivo y sostenido. Tras la separación de la banda su carrera solista profundizó una búsqueda sonora cada vez más sofisticada.

Su perfil artístico estuvo marcado por la exploración del sonido como materia, con texturas, climas y silencios que constituyen los temas. Estuvo influido por el rock alternativo, la electrónica y el pop, construyendo atmósferas donde la emoción no necesitaba explicarse.

El cierre de Soda Stereo en 1997 con aquel “gracias totales” quedó suspendido como un eco, y su último recital en 2010, antes del ACV que lo mantuvo en coma hasta su fallecimiento en 2014, dejó otra forma de silencio.


Cruces

Una conversación no siempre visible

Luis, Charly y Gustavo no fueron artistas aislados, se escucharon, se admiraron, se reconocieron en distintos momentos y de distintas maneras. Spinetta fue una referencia para García y Cerati. La relación entre Spinetta y Charly fue en los inicios fue de competencia y admiración mutua. García y Spinetta compartieron luego escenarios, proyectos y una relación sostenida en el respeto, aun en la diferencia. Cerati reconoció en ambos una raíz inevitable, con su propio camino, de algún modo, ya insinuado en ellos.

Cuando coincidieron, como en Spinetta y las Bandas Eternas, el 4 de diciembre de 2009 se vio algo muy cercano a una convergencia. Charly García subió al escenario para cantar «Rezo por vos» (la canción que compusieron juntos en los 80 para un proyecto de disco que no prosperó), y Gustavo Cerati también participó interpretando «Té para tres» y «Bajan». Distintas corrientes de un mismo río se volvieron visibles por un momento y dejaron entrever que, en el fondo, ese fluir siempre había estado ocurriendo bajo la superficie.


Lenguaje, ruptura, sonido

Una posible forma de escucharlos

No es mi intención compararlos, sino intentar escucharlos como partes de un mismo movimiento en el que cada uno ocupa un lugar distinto y necesario. Spinetta abrió el lenguaje y lo volvió más permeable a lo que no se deja decir. García lo tensionó y empujó hasta el borde, lo quebró. Cerati lo expandió en el sonido, lo convirtió en espacio, en atmósfera.

En ese interjuego hay una historia entrelazada: Spinetta fue una influencia fundacional, no solo por haber estado al comienzo sino por haber definido una forma posible de decir; García fue la expansión y la masificación, llevando el rock a un lugar central en la cultura; y Cerati fue la proyección internacional, abriendo el rock argentino hacia otros territorios y otras escuchas.

Incluso esta lectura queda incompleta. Lo que hicieron no se ordena en una secuencia cerrada; sigue ocurriendo cada vez que una canción vuelve, cada vez que alguien la escucha por primera vez —o como si fuera la primera vez—, y en ese gesto algo desplaza nuevamente el sentido.

No se trata solo de Luis Carlos Gustavo, sino de la posibilidad, siempre frágil, siempre presente, de que al mundo, por un instante, llegue algo distinto.

Bibliografía

rock.com.ar

Revista Rolling Stone

Billboard

Entrevista varias en You tube


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