Hay personas que, escuchan música como quien recorre un paisaje: avanzan, observan, cambian de rumbo y siguen hacia otra cosa. Otras —entre las que me cuento— vuelven una y otra vez sobre las mismas obras, los mismos pasajes, unos pocos compases, como si en cada repetición hubiera algo no revelado.
En los primeros textos de esta serie llamé “degustadores” a los primeros y “obsesivos” a los segundos, como modos distintos de relacionarse con la experiencia estética.
Con el tiempo descubrí que la repetición es una forma de intimidad. Hay músicas que queremos habitar. Volver a ellas equivale a retornar a un lugar conocido, a una atmósfera emocional particular, a una región de nosotros mismos que sólo aparece allí. La repetición deja de ser redundancia para convertirse en permanencia. Esas obras no se agotan porque las escuchamos para recuperar una presencia.
Por eso en ciertos temas, aunque conocemos cada nota, seguimos esperando. No oímos lo que la música ya nos brindó; atendemos a lo que puede revelarnos esta vez. Una mínima variación en el fraseo, un silencio apenas distinto, una respiración del cantante, un leve atraso en el tempo afina nuestra percepción.
Algunas composiciones parecen haber sido creadas para soportar infinitas relecturas. Funcionan como ciertas personas: cuanto más tiempo pasamos con ellas, más nos acercamos, más matices descubrimos.
“The Nearness of You” pertenece para mí a esa clase de obras. Su fuerza reside en una cercanía emocional difícil de explicar y difícil de agotar. Por eso es la misma canción en versiones distintas y, al mismo tiempo, es siempre otra. Cada interpretación revela un matiz diferente dentro de esa misteriosa “cercanía” de la que habla el título.
Orígenes del tema
“The Nearness of You” pertenece al repertorio clásico del jazz y de la canción norteamericana del siglo XX, aunque en realidad fue compuesta a fines de la década de 1930 por Hoagy Carmichael (música) y Ned Washington (letra).
La canción fue escrita en 1937, aunque su publicación y difusión importante llegaron entre 1938 y 1940. Originalmente estaba destinada a una película de Paramount llamada “Romance in the Rough”, que nunca llegó a realizarse. Más tarde terminó asociándose con otra película, “Romance in the Dark”.
Ese origen algo errante parece acorde con el carácter de la obra: una canción íntima, que terminó encontrando su verdadero lugar no en el cine sino en las innumerables versiones posteriores.
La primera grabación importante y exitosa fue la de la orquesta de Glenn Miller, registrada el 28 de abril de 1940 con la voz de Ray Eberle. Alcanzó el puesto número 5 en los rankings de Billboard y ayudó a convertir la canción en un estándar.
Sus innumerables versiones
Desde entonces fue grabada por centenares de artistas. Algunas fuentes especializadas estiman más de 660 versiones registradas oficialmente. Y probablemente sean muchas más si se consideran grabaciones en vivo, ediciones no oficiales y reinterpretaciones instrumentales. Pocas canciones atravesaron tantas generaciones conservando intacta su identidad emocional.
Entre las versiones más célebres suelen mencionarse las de Ella Fitzgerald y Louis Armstrong en el álbum “Ella & Louis” (1956), la lectura melancólica de Sarah Vaughan, las interpretaciones de Charlie Parker y Chet Baker, la delicadeza de Norah Jones y la versión grabada por Michael Brecker junto a James Taylor en 2000.
El estilo de la canción
Musicalmente suele interpretarse como una balada lenta y muy lírica. Su estructura armónica es relativamente clásica, pero posee una cualidad muy particular: parece invitar al intérprete a demorarse. No es una canción basada en grandes clímax ni en exhibiciones vocales. Funciona mejor en la cercanía, en el susurro, en las pequeñas inflexiones. Quizás por eso admite versiones tan diferentes entre sí sin perder nunca su esencia.
Otro dato interesante es que muchas interpretaciones famosas alteran sutilmente el tempo, el fraseo o incluso la respiración entre versos, como si cada músico intentara encontrar su propia manera de pronunciar la intimidad. En jazz suele decirse que algunas composiciones son “songs” y otras son “vehicles”: vehículos para la expresión personal. “The Nearness of You” pertenece claramente a esta segunda categoría.
La letra original en inglés comienza asÍ:
It’s not the pale moon that excites me
That thrills and delights me, oh no
It’s just the nearness of you
It isn’t your sweet conversation
That brings this sensation, oh no
It’s just the nearness of you
Una traducción posible al español sería:
No es la pálida luna lo que me conmueve,
lo que me emociona y me deslumbra, no.
Es solamente tu cercanía.
Tampoco es tu dulce conversación
la que provoca esta sensación, no.
Es simplemente tu cercanía.
El centro emocional de la canción no habla del amor apasionado en términos grandilocuentes, sino del efecto físico y emocional de la presencia del otro. La “cercanía” no aparece como posesión sino como atmósfera. Tal vez allí resida una de las razones de su permanencia.
También hay un detalle curioso: aunque la melodía es muy reconocible, muchos oyentes no recuerdan exactamente toda la letra. Lo que permanece es el clima. Como ocurre con ciertos perfumes o ciertos recuerdos, “The Nearness of You” parece actuar por evocación.
Quizá eso explique por qué tantos músicos vuelven a grabarla. No para decir algo nuevo sobre la canción, sino para descubrir qué revela la canción sobre ellos mismos.
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